Anticiparse Para Qué

16 diciembre 2018 ·

A veces uno se encuentra con alguna persona que, por distintos motivos o circunstancias, “sufre” por mantenerse a la vanguardia de sus cosas. Por ejemplo, “su” proyecto personal, conservar el mejor promedio, la mejor calificación en la organización, brindar la primera respuesta,…


Tal vez quien no haya pasado en algún momento de su vida por esta experiencia, seguramente que le costará comprender este tipo de comportamiento. Pero lo cierto es que se trata de “impulsos” interiores que se presentan muchas veces de un modo espontáneo y que, lamentablemente, no “aflojan” en su intensidad hasta que el “damnificado” obre en consecuencia. Por supuesto, en el opuesto están todos aquellos que aguardan o prefieren mantenerse en un bajo perfil.

Competidores consuetudinarios

En el estadio inferior de los anticipadores se encuentran los que no pueden vivir si no están en “competencia” con alguien, a tal punto de necesitar “escuchar,” una vez que lograron el propósito, el reconocimiento de sus pares o amigos.

Por supuesto que en el mundo exterior no existe ninguna ley o decreto que establezca o imponga esta tipo de conducta. Entonces, ¿a qué se debe el motivo? Lamentablemente y en la mayoría de los casos, a autoexigencias propias originadas, quizás, en alguna problemática de índole emocional o de baja autoestima.

Esta introducción relacional tiene, como propósito, invitarlos a reflexionar toda vez que se encuentren expuestos en el plano laboral y profesional. ¿Por qué?

- Porque se trata de un “fenómeno” que es mucho más frecuente hoy en día que tiempo atrás.

- Suele estar latente o presente en el ámbito en donde trabajamos y mantenemos vínculos laborales o profesionales.

- Produce un estado de estrés, de crispación en el grupo, incluso cuando quien lo padece e irradia es el superior inmediato; no siempre las organizaciones se “ocupan” de brindar una pronta solución a los empleados.

- Atenta contra el mismo portador del Personal Branding.

- Nada tiene que ver con la actitud “proactiva” que se espera ejerzan las personas en el ámbito laboral o profesional.

- Tampoco tiene que ver con el concepto del “ser competitivo” que algunas organizaciones demandan de sus empleados, equivocadamente. Lo que sí deberían de “ocuparse” es que el personal sea “competente” en lo suyo.

- No hemos venido a la vida para estar en “modo competencia”, sino para ser verdaderos hacedores de un aporte personal que sea incluso de valor o de mejora para la humanidad.

Objeto de confusión

Todo el mal entendido surge por la tendencia generalizada que tienen algunas organizaciones e instituciones con relación a las personas. Todavía hay muchas que consideran más “redituable” reducir al ser humano al estado de “cosa-objeto”, para luego maximizar el retorno del beneficio que desde ese enfoque puedan llegar a capitalizar. Es decir, aplican a la persona la misma “fórmula” que utilizan para los proyectos de inversión que, por supuesto, éstos sí tienen que ver con el objeto-cosa del negocio.

Pero por suerte el ser humano no es un robot ni un “tonto” como aún se lo creen todos aquellos que lo asimilan a la categoría de “recurso humano”. Prueba de ello es el giro de valoración que hoy vienen asumiendo las organizaciones, ante la carencia de personas competentes –no competitivas– que les permitan hacer realidad sus proyectos.

Justamente las organizaciones que valoran a la persona ya no se jactan por tener a los que “padecen” el mal de anticipación. Más bien, lo ven como individuos a los que pueden llegar a “sanar” –porque cuentan con otras capacidades– mediante el soporte terapéutico y el nivel adecuado de contención que necesitan para poder llevar adelante la responsabilidad asignada.

El “anticipador” cuenta hoy con otro “amortiguador” de valor que la mayoría de las organizaciones propician y estimulan; tiene que ver con el trabajo grupal heterogéneo en donde se comparten desafíos, logros y eventuales fracasos dentro de un proceso armónico de aprendizaje y colaboración.

¡El portador de Tu Marca Personal, si bien también pudo haber sido un anticipador en algún momento de su vida, tiene en claro que para llegar al objetivo de su misión necesitará ir 
interactuando y “consensuando”, a lo largo de su biografía, no sólo en lo personal sino también en pos de las necesidades de sus prójimos!
José Podestá

La Misión del Personal Branding

09 diciembre 2018 ·

Así como la misión personal demanda partir de un análisis de introspección tal que nos permita llegar a darnos cuenta del para qué hemos venido a la Tierra y hacer qué, lo mismo vale preguntarse, “honestamente,” acerca del sentido aspiracional que el Personal Branding pudiera llegar a tener en nuestra biografía.


A diferencia de lo que sucedía en la antigüedad, quizás por tratarse de un tiempo cultural en donde había interés por conocer el sentido de la vida, en la actualidad no ocurre lo mismo. En el hogar no suele ser un tema frecuente de conversación, ni de reflexión o de simple “curiosidad”, para dilucidar el motivo-razón de nuestra existencia. Por lo general se esquiva partir del quién soy, pero sí concentrarnos en algo que nos parezca mucho más concreto y “real”, como ser el aquí estoy.

De allí que las cuestiones referidas a la individualidad y sus circunstancias, se las asume como temas que uno debiera resolverlo con “su” terapeuta. Pero ocurre que éste nada sabe acerca del motivo y el sentido de nuestra presencia en el mundo, por tratarse de un “misterio” que se encuentra plenamente “resguardado” en el ADN de cada ser humano.

Quién soy

Para saber “algo” de uno mismo se necesita que nos pongamos a pensar y reflexionar en ello. Todos, sin excepción, cuando llegamos a la Tierra traemos muchas disposiciones y talentos para desarrollar. ¿Esto qué nos dice? Que tenemos intenciones en cuanto a lo que queremos realizar –como el caso del niño que “sorprende” a sus padres con alguna cualidad sobresaliente o bien manifestándoles, con énfasis, lo que aspira ser en la vida. Pero si no hemos sido tan explícitos como el niño prodigio, no hay porqué preocuparse, dado que nuestra intención la iremos desplegando a nuestro “ritmo” hasta que, en un momento, la sentimos como nuestra misión.

También traemos impulsos que nos llevan en la vida al encuentro de ciertas personas e incluso a trabajar en determinada organización o profesión. Nada es “casual”. Todo tiene su razón de ser y hace a un “equilibrio” que no está en nosotros determinarlo. De esto tampoco se habla.

Lo importante es saber, al menos, que nuestras aptitudes o talentos, en la medida que se ejerciten, que se lleven a la práctica, se van transformando en habilidades. Esas habilidades, sumadas a nuestro estilo de hacer las cosas y del sentido que le damos a las mismas, luego pasarán a tener un rol significativo en el Personal Branding; con el tiempo iremos despertando el “interés” de nuestros semejantes, dando origen a eventuales oportunidades.

Hacia dónde voy

En esta pregunta hay más “seguidores” que en el quién soy. Básicamente, son todos aquellos que se “saltearon” de indagar el sentido de sus vidas, entre otras cosas, por los siguientes motivos:

- Evitar interiorizarse de su misión en la vida, anteponiendo “racionalizaciones” que aluden a su desconocimiento, el no saber cómo hacerlo, o directamente porque no les importa y ni tienen voluntad para ello.

- Prefieren concentrase directamente en la “realidad” exterior y a partir de allí poder detectar alguna oportunidad vinculada con la “visión”, es decir, imaginando cómo me veo haciendo qué cosa dentro de cinco o diez años. Entonces, a partir de ello elaboran un plan para ir avanzando, paso-a-paso, hasta el logro del objetivo, para luego volver a reformularse una nueva “visión”; de esta forma intentan avanzar en la vida.

Por supuesto que la “realidad” no deja de ser un disparador motivante para entrar en acción. En la medida que nuestras decisiones guarden relación con la vocación y filosofía de vida, el obrar ha de tener un sentido y posterior impacto en la misión del Personal Branding.

Pero si la “visión” no está anclada en la misión personal, uno está expuesto a que no siempre lo que se está haciendo o se proyecta realizar, es lo que tiene sentido, incluso para la misión del Personal Branding. ¿Por qué? Porque la “visión”, si bien vincula con el hacer o la voluntad, si carece del pensar la misión no necesariamente será garantía de lo que realmente se tendría que haber hecho. Esto se ve con frecuencia en aquellas personas que se sienten abatidas, disconformes o incompletas con lo que vienen haciendo en la vida, a pesar del dinero ganado, del éxito alcanzado o el poder que detentan.

Personal Branding residual

La misión del Personal Branding, atento a los dos interrogantes ya mencionados, dependerá de la importancia y valoración dispensada por “su” portador. ¿En qué sentido?:

- La misión privilegia el largo plazo, de allí que la identidad y reputación derivada de la imagen es resultado de un proceso sistémico que su portador va construyendo y sedimentando con su obrar en el tiempo. Además, tiene el beneficio que el Personal Branding continúe “vigente” más allá de la existencia física del portador; se torna en atemporal, residual y referencial para las nuevas generaciones.

- La “visión” aplicada al desarrollo personal condiciona al portador a la variabilidad del factor éxito; tengamos aquí en cuenta que en el mundo exterior todo se mide en función de los “resultados” alcanzados. En la medida que vaya logrando los objetivos que se van consolidando en el tiempo, irá contribuyendo con ello al desarrollo y posicionamiento de “mi” Personal Branding. Lo que nunca te quedará en claro es saber si ello fue lo que, realmente, estaba previsto que debías hacer en tu vida.

¡El portador de Tu Marca Personal debe ser plenamente consciente de su misión en la vida, como así también del sentido que su obrar tiene para sus prójimos y para el desarrollo de la humanidad!
José Podestá

La Vocación es Servicio

02 diciembre 2018 ·

Cuando llegamos a tener en claro la vocación y su rol en el emprendimiento, profesión, gestión u oficio a través del cual nos disponemos llevarla a la acción, podemos considerar que a partir de ese momento ya tenemos resuelto el cincuenta por ciento de nuestro dilema existencial: ¡Enhorabuena!

A partir de allí y en función del plan de carrera que hayamos diseñado para el logro de nuestra misión, comenzaremos a “escribir” o “traducir” en obras los hitos que pasarán a ser las contribuciones referenciales en nuestras respectivas biografías. Justamente en el hacer es cuando vamos a ir proyectando la impronta y el estilo personal que, en algún momento, despertará la atención de nuestros prójimos –léase, colegas, pacientes, clientes o comunidad en general.

Al inicio de la puesta en práctica de la vocación, representada en la actividad o profesión que llevamos a cabo, es natural que cada uno se concentre en lo suyo. Si bien ello supone para algunos el asumir una actitud meramente egoísta e individualista, está perfectamente justificable en esa etapa. ¿Por qué? Se trata de un periodo en el cual nos estamos “jugando” para convertirnos en “expertos” en lo que hacemos, lo que demanda la incorporación de las habilidades básicas de gestión al conocimiento ya adquirido.

Si alguno de ustedes es médico o abogado, recordará el periodo de “estrés” que les tocó vivir en los inicios de la profesión, toda vez que tenían frente a ustedes al paciente o al cliente del que poco y nada sabían de él. En función de las conversaciones iniciales iban tomando conocimiento no sólo del motivo-razón de la consulta, sino de la solución y el mejor servicio que consideraban como el más apropiado y “profesional”.

Distinto es el caso de aquellos que ingresan por primera vez a trabajar en una organización en relación de dependencia. Más allá del periodo de inducción y del “estrés” que produce toda situación nueva, en la medida que el empleado, obrero o ejecutivo cuente con los conocimientos básicos, la información general acerca de la cultura, de las normativas de abordaje y gestión, y de una dosis aceptable de empatía e inteligencia emocional, seguramente que tendrá todo a su favor para llegar a ser una persona eficaz y eficiente en lo suyo.

El valor silencioso

Desde el momento en que el ser humano toca Tierra, le guste o no, pasa a tener un compromiso social con su grupo primario o de pertenencia –padres, amigos, vecinos– y más tarde con los de referencia –trabajo, profesión. Si bien consideramos como algo natural el llevar a cabo una vida social, no siempre se cree que debe ser o hacerse de igual manera con respecto a la vocación que hemos asumido.

Quienes se desempeñan en organizaciones o compañías saben que de los empleados, a todo nivel, se espera que aporten un “valor agregado” –léase, un plus– a lo que se viene haciendo, independientemente de la tarea o cargo que ocupe. Ese “aporte” es fundamental, porque tiene que ver con la “productividad”, es decir, con la contribución adicional que cada uno sume a lo suyo, permitiendo que “su” organización o compañía sea competitiva respecto a sus similares en el mercado.

La productividad también tiene “sentido” al momento de establecerse los aumentos de salarios. ¿Por qué? Porque hace al “resto” disponible para retribuir y sumarse al salario percibido.

Pero en esta oportunidad el valor agregado tiene una “extensión” de aplicación “social”. ¿En qué sentido? Tiene que ver con el concepto de “servicio” que emana de toda vocación personal, sea que se lleve a cabo en relación de dependencia o a través de la profesión u oficio independiente.

Como seres sociales nos debemos a nuestros semejantes o prójimos –es lo mismo que aspiramos en tal sentido de los demás. Entonces, no se trata de una “obligación formal”, pero sí informal y silenciosa. ¿En qué sentido? Nada de lo que hacemos tiene “valor” si lo hacemos con un afán meramente de lucro. Si bien no está mal ganar dinero, sabemos que existen seres que viven obsesionados por acumular riqueza, aunque saben que no la podrán “disfrutar” en la vida en su totalidad; lo hacen desde “su” ignorancia, inseguridad y egoísmo personal.

Pero cuando de Personal Branding se trata –a raíz de la trascendencia o proyección social que pueda llegar a tener el nombre y apellido de su portador– se espera que a través de su obrar, de su vocación, la persona se involucre con los prójimos que él sabe puede llegar a brindarles “su” servicio. No se trata de hacer necesariamente donaciones o entrega de dinero, pero sí de brindar un “tiempo social” que resulte de ayuda para todos aquellos que, por su naturaleza y destino en la vida, no han sido agraciados por los mismos talentos.

La forma de llegar a los prójimos es variada, gracias a la presencia de una gran cantidad diversificada de ONGs que existen en todas partes. En la medida que la contribución social sea silenciosa, mayor será la aceptación y valoración de parte de sus destinatarios.

¡El portador de Tu Marca Personal dispone de los recursos del hacer para poder extenderlos, como “servicio” y “legado”, a todos aquellos que anónimamente esperan ser tenidos en consideración!
José Podestá

Tiranía del Momento

25 noviembre 2018 ·

La aceleración del cambio de la que tanto se habla, no está exenta de resguardos y advertencias. De allí que cuando nos proponemos sumar conocimientos, sea el joven en una carrera de grado o el adulto en un posgrado, no estamos siendo correspondidos por la institución-universidad con la solución académica adecuada. ¿Por qué? Para ello conviene recordar que la misión de la educación, desde que los antiguos la articularon con el nombre de paideia, era, es y probablemente seguirá siendo la preparación de los recién llegados para vivir en la sociedad que les ha tocado.


Pero la vida del “ahora” a la que está expuesto el consumidor ávido de experiencias nuevas –también el estudiante, cualquiera sea su edad– la razón de “apresurarse” en sus cosas no tiene que ver con el impulso por adquirir y sedimentar conocimientos, sino por descartar, sustituir y “pintar-copiar”.

Diluvio de información

El factor tiranía del momento que trabaja al unísono es el “diluvio de información”. Esto debería alertar al decano de la universidad para que disponga de un plan de asignaturas actualizado –lo ideal sería anticipatorio– en lugar de la oferta obsoleta que poco motiva y forma al estudiante, porque al momento de egresar se encuentra que no está en “sintonía” con lo que tiene que aplicar en su trabajo o profesión. Sin embargo, la realidad es otra para la oferta universitaria, porque frente a la competencia reinante se tiende a priorizar, como objetivo, el “atraer clientes” –léase estudiantes– poniendo los esfuerzos en el reconocimiento de la marca-universidad, el beneficio de proximidad y el posicionamiento destacado en el ranking anual competitivo, tanto local como regional.

Así, la tiranía del momento termina involucrando también a las personas. Porque el mundo externo espera que la universidad prepare al estudiante para la vida, en lugar de terminar “eyectándolo” de conocimientos desprovistos de sentido.

Lo que ocurre aquí es que la universidad, que se supone sigue una lógica de pensamiento deliberado, creatividad pausada y existencia equilibrada, hoy en día se ve obligada –tal como ocurre con los productos de consumo– a transformarse en una organización que “debe” reaccionar rápidamente a las fluctuaciones del mercado, como así también a los cambios en la opinión pública y el entorno. De allí que no debiera sorprendernos la presencia del “profesor empresario”, como reflejo lógico y natural del estado actual de la universidad.

Todo esto sirve, entonces, como un “alerta” para que los interesados en el Personal Branding lo asuman y tengan en cuenta. Porque:

- El conocimiento académico y el de aplicación laboral-profesional se encuentran desfasados de la realidad demandante.

- Como habitantes de la modernidad líquida hemos devenido en un “erudito nómada o itinerante” que necesita de la autoformación y del aprendizaje continuo, especialmente a la hora de cambiar de trabajo o de buscar nuevas tareas.

- El plan de carrera laboral y profesional necesita incorporar, en la “mochila”, las herramientas personales que cada uno considere fundamentales para el logro de su misión en la vida.

- En el hoy el desarrollo de la profesión está en la diferenciación, en la especialidad. Entonces, para llegar a ser reconocido y valorado como tal, se necesitará disponer tanto del conocimiento actualizado como de la habilidad en la gestión. Ello hace a la necesidad de la evolución, la que no debiera quedar meramente “anclada” en lo personal, sino también con la mirada y la contribución puesta al servicio de la transformación del mundo. Al respecto, tengamos en cuenta que lo que más sobra en la actualidad es el egoísmo, el individualismo.

- El ser humano es consciente sólo de algunos efectos que su trabajo y profesión tienen sobre su propia alma, pero nada sabe acerca de todo el entrelazado y la razón de ser de su actividad en el mundo, y de lo que luego allí acontece.

- Si bien sólo algunos seres humanos fueron “llamados” para realizar algo trascendental para la humanidad –vemos al respecto cómo se desprenden del resto en lo que hacen y cómo lo hacen– ello no nos excluye ni invalida, en absoluto, para llevar a cabo nuestra respectiva misión.

- No deberíamos preocuparnos si el mundo nos exige, cada vez más, que seamos referentes de la vocación que llevamos a cabo, por más específica que ésta sea. Nos ha tocado nacer y vivir en un país y zona determinada, porque se espera que desde allí seamos protagonistas del destino y de las circunstancias derivadas del entorno y de nuestros prójimos.

- Es bueno que sepamos que hace escasamente cien años atrás, los seres humanos estaban mucho más inmersos en su profesión con respecto a lo que es hoy en día; sabemos de ello porque llegamos a percibirlo en nuestros abuelos o bien porque algún familiar nos lo contó. En la actualidad, por el contrario, predominan en algunos el desgano porque sienten no tener otra cosa que “su” profesión. Pero cuidado, porque los maestros, escritores, sacerdotes e incluso los orientadores vocacionales que nos hablan sobre el tipo, carácter y elección de una profesión, son los que menos perciben la problemática que ofrece la vida para la profesión en los tiempos que corren.

- La aceleración del cambio, sumada a la tiranía del momento, nos crea la “ilusión” que el mundo puede, gracias al desarrollo unilateral, alcanzar el progreso y el bienestar por sí solo. De la misma manera como las profesiones “mecanizan” al ser humano hoy en día, éste necesita en la misma intensidad del polo complementario que llene su ser interior con aquello que lo acerque a la interioridad de sus prójimos, independientemente de cual haya sido su especialización.

- Darnos cuenta de ello nos permitirá que a partir de la profesión y “mecanización”, seamos nuevamente creativos para trabajar compensatoriamente desde impulsos totalmente distintos a lo conocido, lo que redundará en una mayor cercanía e involucramiento con nuestros prójimos. Así estaríamos produciendo un quiebre al impulso que lamentablemente todos tenemos en común, desde nuestra profesión y especialización, por “querer” ganar lo máximo posible, sin percibir que ello es lo que a todos luego nos termina igualando.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe que si bien la profesión y especialización es lo que nos pide el desarrollo objetivo del mundo, los lleva a cabo con plena consciencia, porque con ello está contribuyendo no sólo al desarrollo de la totalidad, sino también con la evolución de la humanidad!
José Podestá

Personal Branding 2.0

18 noviembre 2018 ·

La evolución del Personal Branding a la que me voy a referir nada tiene que ver con el soporte digital, pero sí con la “madurez” esperada de sus portadores.


Si bien algunas organizaciones lo suelen requerir, también en lo personal uno debería asumir la responsabilidad por el trabajo realizado o la tarea asignada, incorporándole algún valor adicional. ¿En qué sentido? Sin perder de vista a nuestros prójimos. ¿Por qué? Porque como seres humanos “sociables”, estamos en la vida para brindar también soluciones a las circunstancias del entorno.

Si alguno de ustedes cree que podrá desarrollarse en la vida haciendo sólo “muy bien” las cosas –fruto de una actitud meramente egoísta, individualista– es muy probable que termine desembocando en una frustración. De poco le servirá argumentar: lo que pasa es que yo soy así. Mal que nos pese, no podemos ni debemos dejar de mirar a nuestro alrededor, para darnos cuenta que los talentos que uno tiene son un “don” que me obliga a compartirlos con todas aquellas personas que, por motivos que seguramente uno no alcanza bien a discernir, necesitan “del otro” para poder suplir sus carencias. Entonces, si no lo hacemos por “convicción”, al menos deberíamos brindarlo aunque más no sea por solidaridad humana.

No somos descartables

Tampoco vale la pena ni sirve excusarnos mediante la batería de “racionalizaciones” que uno pretenda sostener, incluso con vehemencia. Nos guste o no, nuestros actos han de pasar por dos tipos de métricas:

- Cómo hago lo que por vocación y profesión he optado para ganarme la vida, sin por ello dejar de lado a la humanidad.

- Cómo contribuyo y “retribuyo” a mis semejantes, especialmente aquellos que arribaron al planeta Tierra “desnutridos” de talentos y localizados en zonas desfavorables. 

En el primer caso es donde habitualmente más nos concentramos, especialmente cuando estamos trabajando en relación de dependencia o ejerciendo una profesión liberal. Sin embargo, son muy pocos los que además de ello se “ocupan” por brindar, desde sus posibilidades, una mejora o solución para la humanidad. Un ejemplo que he podido conocer recientemente tiene que ver con un grupo de médicos oftalmólogos que se asociaron para realizar, en determinados periodos del año, operaciones gratuitas de cataratas en adultos mayores que viven en zonas de extrema pobreza.

El segundo caso tiene que ver con aquella “compensación” que cada uno pueda brindar, desde lo personal o a través de una ONG, para suplir las carencias económicas y de conocimientos de nuestros semejantes. Por ejemplo, brindando capacitación a aquellas personas que no saben cómo encarar un emprendimiento, orientando acerca de los requisitos y beneficios para poder acceder a un micro-crédito, etc.

Lamentablemente el contexto consumista y la cultura individualista vigentes, para nada tienen en cuenta a los excluidos, a los que menos tienen, a los que se ven obligados a migrar de sus países. ¿Por qué? Porque se los vincula dentro de la categoría de “seres descartables”, cuando bien sabemos que el ser humano no es pasible de descarte alguno, sino de consideración, estima y respeto; hasta nos parece “imposible” considerarlos nuestros hermanos.

Personal Branding ampliado

El presente globalizado hoy nos permite saber todo lo que podemos llegar a imaginarnos, y en tiempo real. De allí que no deja de ser un desafío para los desarrolladores del Personal Branding. ¿Por qué? Porque hacer simplemente las cosas bien, ser un profesional de primer nivel, ya no llama demasiado la atención debido a los millones de seres humanos que también califican de modo similar y que, a pesar de ello, tampoco logran trascender en la medida deseada.

Esto no debería llegar a sorprendernos en absoluto. Así como la organización tiene en cuenta a todos aquellos empleados que a lo suyo le incorporan algún valor agregado –por ejemplo, productividad– lo mismo vale para el posicionamiento y el desarrollo del Personal Branding. Que Juan Pérez o María González realicen muy bien lo suyo y por ello son tenidos en cuenta por sus pares –llegando incluso a trascender fuera del ámbito de la organización– habla muy bien de su Personal Branding “versión” 1.0

Pero si tenemos en cuenta las crecientes demandas sociales en materia de medio ambiente, economía colaborativa, concentración absurda de la riqueza, etc., una persona no podrá “crecer” si vive anclada “domésticamente”, por más eficiente que sea haciendo “sus” cosas. ¿Por qué? Porque si contamos con “talentos”, estamos llamados a ser verdades “agentes del cambio”, tal como supieron realizarlo las personas talentosas del ayer. Sin habérselo propuesto, éstos han sido los verdaderos pioneros del Personal Branding 2.0 que, como desafío, hoy se encuentra “vacante” para todos aquellos que sienten al prójimo como una prioridad de consideración.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe muy bien de sus limitaciones y por ello no sólo se propone brindar lo mejor de sí, sino de incorporar también a los prójimos dentro de la misión que viene llevando adelante en la vida!  
José Podestá

Competente Vs. Competitividad

11 noviembre 2018 ·

Michael Porter es el economista que ha sabido capitalizar –en realidad, apropiarse– el término “competitividad”, a raíz del aporte que durante más de veinte años –hasta el advenimiento de la globalización– brindó al entorno macro y microeconómico, como así también al ámbito de la ventaja competitiva de las naciones. Si bien su pensamiento está anclado en la rigurosidad teórica, supo llevarlo a la práctica con gran solvencia y pasión. De allí el interés que ha despertado a través del tiempo.


Sin embargo su éxito y permanencia se debió, en mi opinión, al hecho de no haberlo dejado aislado en la “declamación”, sino de haberse propuesto integrarlo en la “estrategia”; en esto también le ha valido el respeto y el reconocimiento, tanto del ámbito académico como empresarial, institucional y de las naciones.

De allí que uno de sus best sellers –“Estrategia Competitiva”– sirvió muchísimo de material para que académicos y consultores se ocupasen luego de la puesta en práctica. Ello no es un dato menor, porque el aporte “emprendedor” de Porter ha sido tal que, quizás sin habérselo imaginado, terminó sumando “mano de obra” para su desarrollo en el ámbito exterior.

Hubo otro libro –“Ser Competitivo”– que si bien resume y sistematiza el pensamiento general de Michael Porter, terminó imponiendo y asimilando el término “competitivo” al ser humano. En más de una oportunidad venimos aludiendo, y más que nunca en los tiempos actuales, que si el ser humano aspira hacer una carrera laboral o bien destacarse como emprendedor o profesional deberá ser, necesariamente, “competitivo”. Caso contrario, sus “pares” terminarán superándolo y marginándolo.

Corrigiendo el error

Pero ocurre que en realidad el término competitividad es ajeno al ser humano; alude directamente a todo lo demás. ¿Por qué? Porque aplicado en la persona, ésta quedará expuesta, básicamente:

- A su deshumanización, al terminar siendo asimilado a una “cosa” u “objeto” a la que también se le demanda rentabilidad. De allí la intencionalidad de la expresión “Capital Humano”, por intentar “reducir” a la persona –sea empleado, obrero o ejecutivo– a la “capacidad” que tenga de generar ingresos “rentables” versus el “costo” que implica tener que pagarle un salario, cargas sociales, bonus, etc.

- A exacerbar su egoísmo, por la sencilla razón de aspirar o pretender estar alineado con los objetivos que le establece la organización, sin importarle demasiado a sus pares –léase “competidores internos”– ni mucho menos el mercado –léase “clientes”–  aunque desde lo interno se los considere a éstos como los “usuarios usados” que deberán pagar el precio que le garantice, a la organización, la “maximización de las ganancias”.

Esto es lo que viene ocurriendo en décadas, pero que está mucho más viralizado en el momento actual. Hoy las empresas deben hacer verdaderos “milagros” con el capital que les proveen los accionistas, porque es sabido que es mucho más redituable dedicarse ahora a la especulación financiera que a la generación de nuevos negocios.

De allí que el empleado –cualquiera sea la posición que ocupe en la organización– sienta cada vez más “presiones” para poder llevar a cabo su trabajo o proyecto personal. Literalmente se encuentra cosificado, tal como si fuera alguno de los productos-servicios que comercializa la compañía.

Por supuesto que una organización –más allá de su misión– debe y necesita ser competitiva, tal como lo viene sosteniendo Michael Porter. Si bien para nada se justifica que les demande la competitividad a sus empleados, la empresa sí está en su pleno derecho de exigirles que sean competentes en la tarea asignada. Esta es la actitud que el área de personas asume en las organizaciones que no sólo valoran al ser humano-empleado, sino que lo ubican además en el “centro de la organización”. Las organizaciones restantes –las que se jactan de tener un área de recursos humanos o de capital humano– hacen abstracción de ello toda vez que la “cultura” interna establezca que los empleados sean competitivos entre sí.

El Personal Branding no funciona así

Como podrán darse cuenta, en la medida que uno es parte del sistema actual corre el riesgo de transformarse en una persona insensible, anestesiada ante sus pares y el prójimo en general. Pero ocurre que para construir el Personal Branding necesitamos de ellos, porque en definitiva, son los que terminan valorando el sentido y la pasión que ponemos en la actividad y profesión que llevamos a cabo como vocación.

El error antes mencionado sólo lo podremos corregir desde nuestra propia convicción y labor, siempre y cuando nos demos cuenta de ello y decidamos salir de la “trampa” establecida que nos quiere hacer “creer” que así es el sistema, y las reglas del juego. Para ello disponemos de un recurso clave y fundamental: nuestra libertad.

¡El portador de Tu Marca Personal no se preparó para que lo “domestiquen” ni condicionen, sino para ir contra la corriente toda vez que ésta intente doblegarlo en el cumplimiento de su misión y destino en la vida!
José Podestá

El Personal Branding No Es Para Competir

04 noviembre 2018 ·

Si bien es cierto que no sólo estamos insertos en un contexto competitivo, sino que también somos “objeto” de evaluación frecuente, ello no supone que en materia de Personal Branding deba ser igual. ¿Por qué? Porque los componentes referenciales del Personal Branding parten y se “mueven” en otra dimensión.


No es magia, suerte ni inmediatez

Hoy en día es bastante común ver y escuchar personas que opinan, con gran elocuencia y simplicidad, del Personal Branding como “algo” imprescindible que no debemos dejar de lado. Especialmente cuando uno aspira a un mejor trabajo, se desee lograr influencia y aceptación en diversos ámbitos, se aspire a generar “expectativa” ante un auditorio, o bien en todo aquello que la imaginación de ustedes los lleve a proponerse un posicionamiento exitoso en la vida laboral, profesional y social.

Por supuesto que los deseos y las buenas intenciones son impulsos necesarios para la acción, pero no suficientes cuando uno no tiene bien en claro el qué y el para qué de ello. ¿Esto qué nos dice? Que para hacernos cargo del desarrollo del Personal Branding se necesitará previamente enunciar cuál es su propósito y objetivo, para luego poder planificarse los pasos a seguir.

Entonces, se trata de un “trabajo” meramente personal que para nada se puede “linkear” con lo mágico, el factor suerte o la inmediatez. Tampoco demanda que uno hable de él, porque es algo que está exclusivamente reservado para los demás; en definitiva, son éstos los que se referirán a nuestro Personal Branding, como consecuencia de lo que cada uno de nosotros viene haciendo en la vida.

Sin embargo, hay un factor o elemento del cual sí debemos ocuparnos “seriamente”, porque hace a nuestra identidad, reputación e imagen: ¡El nombre y apellido! Justamente porque alude directamente al Personal Branding. Por tanto, las consecuencias negativas provenientes de nuestro comportamiento en general, impactarán luego de tal modo en el Personal Branding que, aunque les parezca un poco exagerado, podría llegar a generar hasta nuestra “muerte cívil” en la comunidad, sociedad, nación o el mundo globalizado.

Como ejemplo y por tratarse de casos reales, basta pensar o recordar cómo han terminado algunos jefes de estado que han sido corruptos o genocidas en su gestión, excelentes profesionales que llegaron a vaciar el holding que lideraban, profesionales que sorprendieron la buena fe de sus clientes,… Pero también se aplica a los casos más cotidianos que cada uno de ustedes recuerde en estos momentos.

No es un fin en sí mismo

Al principio había aludido al contexto competitivo. Por el mero hecho de alguien ser un excelente ejecutivo, profesional, artesano, músico o poeta, inmediatamente tendemos hoy a calificarlos, debido a la cultura reinante, por su performance o nivel “competitivo”. Si bien el Personal Branding los expone en tal sentido, no pasa por allí su naturaleza y razón de ser. Más aún, le estaríamos adjudicando una calificación meramente circunstancial, porque hace a un momento histórico, real y concreto en la vida de su portador. Pero como sabemos que nadie podrá mantenerse indefinidamente en el tiempo en tal circunstancia, terminará cayendo luego en el olvido; lamentablemente también abundan ejemplos en tal sentido.

Sabiendo entonces que el Personal Branding no es para competir, uno bien se podrá preguntar: ¿Para qué me sirve? Pues bien, nada más ni nada menos que para: ¡Trascender!

En la sociedad de iguales en que vivimos e interactuamos, sumada la gran atomización de profesiones, oficios y emprendimientos que muchísimas personas llevan a cabo con solvencia y dedicación, el Personal Branding se constituye en el mundo en el “mejor refugio” del cual disponemos para lograr, al menos, dos objetivos básicos:

- Ganar “territorialidad” con nuestro nombre y apellido –por ello llegamos a ser respetados y valorados, a partir de nuestro hacer y consideración de los prójimos.

- Lograr “trascendencia atemporal” –tal como hoy son recordados los referentes que nos han precedido, brindando lo mejor de sí– para que en la medida de cómo hemos llevado a cabo nuestra misión, seamos también tan dignos de ejemplo y estima.

¡El portador de tu Marca Personal ejerce su vocación con el compromiso de brindar, dentro de sus posibilidades, aquellas soluciones que tengan sentido, valor y respeto para y con los prójimos!
José Podestá

 

© Tu Marca Personal - Todos los derechos reservados. Se permite la difusión del contenido únicamente citando la fuente.