Empleabilidad y Algo Más

15 octubre 2017 ·

Cuando la oferta de trabajo no logra cubrir las necesidades de las personas, tal como sucede en la actualidad, surgen algunas “soluciones” que intentan disminuir el nivel de tensión-angustia social. Una de ellas tiene que ver con la empleabilidad; es la que permite direccionar la motivación del individuo hacia las actividades del “momento”.

Entonces, en la medida que la persona cuente con los conocimientos y las habilidades adecuadas, podrá estar en una mejor posición para llegar a ser convocado y contratado. La razón-motivo de la empleabilidad también se ha trasladado a la universidad, a los efectos que ésta proceda a formar ciudadanos para que luego puedan realmente aplicar lo aprendido en el “mundo real”.

La realidad, manda

Ello no significa que la empleabilidad subordine o condicione lo ya conocido. Más bien, es una respuesta a la velocidad del cambio que, muchas veces, ocasiona que la organización deba poner el foco en aquellas nuevas tareas que no había llegado a prever. Por ejemplo, la disrupción producida por el entorno digital e informático trajo aparejado el surgimiento de nuevas actividades que, en su momento, ni el área de las personas de las organizaciones llegó a tenerla en cuenta o dimensionarla de un modo satisfactorio.

Tal vez alguno de ustedes se pregunte cómo les puede suceder algo así a las organizaciones. Aunque les parezca extraño, ello suele ser más frecuente de lo imaginado, porque en la práctica éstas no suelen trabajar de afuera-hacia-adentro, es decir, monitoreando preventivamente los impulsos que se van perfilando en el contexto, para poder así anticiparse a las circunstancias; una cosa es lo que muchos dicen y otra muy distinta es lo que luego terminan haciendo.

Si bien la vocación es el “disparador” que parte del interior del ser humano para que éste lo canalice en la profesión, oficio o actividad que le resulte ser la más conducente a su misión en la vida, no por ello deberá permanecer aislado de su realidad circundante. ¿Esto qué significa? Que toda persona está llamada para ser y trascender en aquello que es propio de la época en que le ha tocado vivir. Entonces, para nada está obligado en seguir la profesión de sus padres –salvo que a “consciencia” sienta que es lo que debe hacer– ni tampoco la que pueda estar de “moda” en un determinado momento, o porque es la que también “optaron” sus amigos.

Pero aquí es conveniente hacer la siguiente salvedad. Para ello recurriré a un ejemplo que suele ser bastante frecuente, como es el caso de la vocación de músico. Como no es fácil poder vivir de ello, en el sentido de sustentar económicamente a una familia, el músico no tendrá otra opción que trabajar complementariamente en algo que le resulte redituable. Pero no debería porqué pensar en una actividad que necesariamente esté en las antípodas de su vocación musical. Si hoy el entorno nos muestra la disrupción que produjo la tecnología en las plataformas o formatos tradicionales de producción y comercialización de la música, lo más adecuado para esta persona sería que sume conocimientos del “nuevo” entorno, para así poder hacer viable “su” empleabilidad en algo que, incluso, le permita “ampliar” el horizonte de su vocación.

Es por ello que la generación actual necesita ir “adaptándose”, sistemáticamente, a las circunstancias del cambio frecuente. Básicamente, esto implica tener en claro lo siguiente:

- Estar atento a los sucesos por devenir, justamente para evitar que lo “sorprendan”. Si bien hoy existen “robots” que ejecutan algunos instrumentos musicales, algo deberá hacer o tener en cuenta el músico para mantener viva su vocación. Pero cuidado, porque si reduce la cuestión “pensando” que los robots “tocan sin alma” –aunque esté en lo cierto–  estará a un paso de caer en una trampa. ¿En qué sentido? Cuando el público en general escucha música no la evalúa en todos aquellos aspectos que para un músico profesional son vitales, sino simplemente se “conforma” con disfrutar cuán de linda y agradable es la música que perciben sus oídos.

- Estar preparado, con tiempo, si en algún momento deberá “aggiornarse” como músico, sin que por ello tenga que claudicar en su vocación. Esto en realidad vale para cualquier profesión, por el simple hecho que estamos transitando una era que se caracteriza por una creciente disrupción de innovaciones continuas, producidas por el mismo ser humano.

De allí que la empleabilidad sea una respuesta “puntual” del hoy y un “recurso” que cada uno deberá hacerla valer en lo suyo, en post del propio sustento, para que coexista complementariamente con la vocación que está llevando a cabo.

¡El portador de Tu Marca Personal, como en el caso del músico, recurre a la empleabilidad toda vez que necesita aggiornar su profesión, para mantenerla en línea con su vocación, evitando que no se resienta su proyecto laboral ni el sentido-beneficio que todo ello representa para sus prójimos!

José Podestá

Equivocarse, No Está Mal

08 octubre 2017 ·

Los psicólogos suelen afirmar que a los jóvenes les preocupa bastante el errar, el equivocarse. Si bien en el tema vocacional puede presentarse intereses muy definidos, se sienten muy inseguros. Pero no por la multiplicidad de carreras o profesiones, sino porque no se permiten equivocarse. De allí a la poca tolerancia a la frustración, se está un paso.

Permisos necesarios

Así como de niños intentábamos muchas veces hacer las cosas a prueba y error, hasta que alcanzáramos lo deseado o buscado, luego terminamos incorporando esta práctica en la vida sin mayores inconvenientes. Además, el contexto –incluido el entorno laboral– admite que hoy no está mal que uno se equivoque “responsablemente”, porque también de ello se aprende; si tienen alguna duda, piensen que esta “rutina” es fundamental en la mayoría de las profesiones.

Si bien todo esto aparenta tener un sentido, la mayoría de los jóvenes no lo ven que hoy sea así. La razón-motivo profunda de esta proposición se encuentra sustentada por el grado de simetría al que se encuentran expuestos, comenzando con sus padres. De allí que uno perciba, por lo general, la necesidad latente de autoexigirse, de creer poder todo solo, de aspirar al ideal de perfección. Por supuesto que estas motivaciones no dejan de ser muy válidas, pero siempre y cuando no se conviertan en una obsesión.

Ahora bien, en la medida que los niños no logran hacer la experiencia de la prueba y error, porque “descubren” que sus padres son hoy muy permisivos, que no les fijan límites referenciales o porque ante el primer reclamo logran por parte de ellos satisfacer de inmediato sus anhelos o “caprichos”, terminan así pasando al septenio de la adolescencia con algunas carencias que para nada los ayudará en la vida. ¿Por qué? Porque el sentirse fracasados ante el primer error o dificultad los tornará en personas inseguras, incluso para poder afrontar sus propios proyectos.

Cuando a los jóvenes les llega el momento de tener que decidirse por la vocación y se encuentran con las dificultades lógicas que demanda tal “descubrimiento”, mediante la escucha interior creen que el problema está en la elección de la carrera, oficio o trabajo, y no en el temor-intolerancia al error, al fracaso. De allí que buscan y buscan sin poder decidirse por aquello que debería estar en consonancia con su misión en la vida.

El impacto en el Personal Branding

Muchas veces los estudiantes que se encuentran próximos a su graduación en la universidad o que aspiran acceder a su primer trabajo, suelen consultar acerca de cómo hacer para sumar la presencia del Personal Branding. Si bien desde que nacemos somos portadores de nuestra identidad –el nombre y apellido– ésta no podrá llegar a sobresalir como Personal Branding hasta tanto hayamos recorrido un buen trayecto en la vida profesional y laboral.

Distinta es la situación de aquella persona que ya viene destacándose, desde pequeño, por alguna cualidad o habilidad que le ha permitido trascender en la comunidad. Entonces, cuando más tarde le llega el momento de comenzar a ejercer la profesión o su primer empleo, ya cuenta con un “legado” sobre el cual las personas ya tienen una referencia de él. A partir de allí, aunque su nueva profesión o trabajo poco y nada tengan que ver con lo realizado anteriormente, gracias a la “difusión” ya alcanzada de su identidad, cuenta a su favor con una imagen que a partir de ese momento deberá “cultivar” y “desarrollar” en el nuevo contexto.

En cambio no sería lo mismo en el supuesto caso de ser el hijo de algún famoso, incluso de trayectoria internacional. Al contrario de lo que se piensa, el ser “el hijo de fulano” no es una oportunidad, sino más bien un “lastre”. ¿Por qué? Porque el Personal Branding es siempre inherente al posicionamiento individual.

Tal vez ustedes hayan conocido el caso de Frank Sinatra Jr. Fue el hijo de “la voz”. Si bien tenía un perfil gestual y un timbre de voz similar al de su padre, podemos literalmente decir que “nunca le llegó ni a los tobillos”. Por supuesto que no por ello abandonó el ámbito artístico ni musical, porque esa fue su vocación, pero no pudo lograr una trascendencia destacada. ¿Por qué? Porque el Personal Branding no se construye a partir de una réplica o imitación, sino mediante las habilidades y el obrar individual ya mencionado.

Entonces, cuando uno se equivoca como en el ejemplo mencionado, siempre se estará frente a una lección de aprendizaje que para nada deberá ser tomada literalmente como un fracaso, sino como una experiencia “motivante” que nos sirva para reinventarnos – haciendo algo sorprendente y distinto– sobre todo cuando nuestro progenitor ya haya sobresalido en lo suyo y por ello nos demande un mayor esfuerzo de diferenciación.

¡El portador de Tu Marca Personal no se cansa ni se frustra por tener que “aprender” sobre la marcha, porque sabe que lo suyo sólo tendrá sentido en la medida que haya sido o es percibido por sus prójimos!

José Podestá

Resultados Más Allá del Algoritmo

01 octubre 2017 ·

En términos generales se dice que las organizaciones necesitan del empleado –no sólo para que las cosas se hagan, sino también para que ocurran– y del cliente, por su rol en la demanda y consumo de productos-servicios. Así ha venido ocurriendo, pero en el horizonte hay señales que no garantizan que ello se continúe en el tiempo.

Seguramente que todos podemos llegar a coincidir que intentar hoy en día comunicarse con una organización para hacer una consulta o eventual reclamo, no es nada fácil. Luego de habernos hecho pasar por una serie de instancias obligatorias, que por supuesto hacen perder el tiempo a uno –y también la paciencia– finalmente el software de turno nos permite llegar al destinatario. ¿Pero ahora qué puede ocurrir? Que luego de haber transcurrido algunos segundos de espera, el contestador telefónico termine dándonos dos tipos de alternativas:

- “La persona con la cual desea comunicarse no está disponible; favor corte y vuelva a llamar más tarde”.

- “Ingrese en el contestador el motivo de su llamada para que más tarde la persona se comunique con usted”. Si alguno de ustedes ha logrado en esta instancia que la promesa se cumpla, los felicito.

Esta lamentable situación nos puede ocurrir tanto en nuestro rol de “cliente” de la empresa en cuestión, como así también en el rol de ciudadano, toda vez que nos hayamos focalizado en la administración pública.

Por supuesto que tanto la empresa como la repartición pública en cuestión suelen “decir” que el cliente y el ciudadano son para ellos una “prioridad”, pero ya ven que en la práctica no es así. Toda la atención y el servicio están meramente focalizados en la captación del cliente –para el caso de una transacción comercial– y del ciudadano, en vísperas de alguna elección de turno.

Cuál es el sentido

Si bien todo este relato ha sido narrado desde el ámbito externo de la organización, su finalidad es justamente para no “olvidarnos” de ello cuando, en la práctica, somos nosotros los que estamos en el otro lado del mostrador, es decir, trabajando para esa empresa o repartición pública.

Además, es aquí cuando comienza a impactar este asunto también en el Personal Branding, por ser éste una consecuencia del estilo, la forma y la responsabilidad aplicados en el trabajo o la profesión. Entonces, lo que importa es la calidad de los resultados de nuestra actitud por no “atender”, cuando corresponde, o por ignorar literalmente al prójimo más allá de las normativas “internas” que haya elaborado la organización, a “espaldas” de la gente.

Entonces, debemos tener muy en cuenta que la calidad de los resultados y de los servicios que brindamos van “germinando” también en el desarrollo de nuestro Personal Branding, independientemente de dónde estemos circunstancialmente trabajando.

Si uno es parte de una organización que de puertas-hacia-afuera les hace difícil la posibilidad de comunicarse con ella, y para tal fin se recurre a sofisticados “algoritmos” para evitar la “molestia” del contacto humano, sin darse cuenta se está realizando un doble daño, tanto para los que trabajan en ella, como a sus destinatarios o contribuyentes. Luego le corresponderán a las encuestas y a las redes sociales calificarlas como una organización no responsable y “poco amigable” con la sociedad.

El justo equilibrio

Por supuesto que un algoritmo bien diseñado e implementado puede ser de gran ayuda para ambas partes. Lo que aquí se está señalando son los “excesos” que muchas veces la organización no quiere ver, y por ello termina subestimando a todos por igual.

Una empresa que en la actualidad pretenda hacer valer unilateralmente sus mecanismos de prevención o de resguardo del personal, lamentablemente terminará cosechando críticas de todo tipo; en ello se verá también perjudicada su imagen y reputación, justamente por un mal uso o exceso en la aplicación de la tecnología disponible.

En la medida que su gente no reaccione o establezca señales de advertencia por las consecuencias no deseadas en este tipo de práctica, éstas deberán también tener en cuenta que son parte del problema. Justamente porque no todo puede quedar amparado o justificado por la aparente motivación de la productividad y del ahorro de costos, que por supuesto no dejan de ser muy importantes para la organización, pero se tornan en estéril y hasta en una práctica malsana cuando subestima a sus dos actores clave: el empleado y el cliente.

¡El portador de Tu Marca Personal no admite que su imagen se vea afectada por políticas de terceros que pongan en riesgo, no sólo la calidad de su proyecto personal, sino también el rol de sus prójimos!

José Podestá

Profesiones Múltiples

24 septiembre 2017 ·

Así como de una misma marca comercial pueden desprenderse distintos productos o servicios, cada uno de ellos con sus respectivas características y prestaciones, lo mismo puede llegar a suceder con el ser humano. En el caso de las personas, lo estoy refiriendo como una eventualidad, porque no son mayoría los individuos que desarrollan múltiples actividades o más de una profesión en forma simultánea.

En el caso de la compañía cuya identidad corporativa y comercial está bajo el amparo de una sola marca –tal el caso de Samsung, Nike, Pepsi– saben perfectamente del riesgo estratégico al que se exponen. Del ser humano no podemos decirlo de un modo contundente, porque no todos están pendientes de ello. No obstante, en ambos casos son portadores de la identidad que los acompañará a través del tiempo.

El porqué de dos profesiones

A lo largo de la historia e incluso en la actualidad, una persona puede perfectamente llevar a cabo más de una profesión. Como ejemplo me referiré a un caso muy distante en el tiempo, pero no por ello menos interesante: Jakob Böhme [1575-1624] quien fuera un importante místico y teósofo luterano alemán, que también trabajó como zapatero. Lo he elegido justamente porque coinciden en él dos profesiones que, en sí mismas, están en sus respectivas antípodas.

Lo primero que aquí uno se pregunta es cómo pueden convivir ambos trabajos. ¿Por qué? Porque uno de ellos –hacer y arreglar zapatos– es prácticamente de resolución práctica, cotidiana, mientras que lo filosófico-espiritual nos remite a un impulso que, seguramente, ya estaba “anclado” en el ADN de su yo espiritual.

Esto nos lleva entonces a pensar que en la vocación del ser humano pueden convivir “impulsos” que se constituyen tanto en una respuesta-profesión funcional a la época en que nos toca vivir –por ejemplo, ser “gerente de Internet de las Cosas”– y además llevar a cabo “otra” profesión vinculada, por ejemplo, con el quehacer humanitario.

Sin embargo y quizás por desconocimiento del orientador vocacional, éste por lo general suele ocuparse por facilitar elementos para que su “cliente” pueda llegar a decidir o eventualmente “optar”, por aquella actividad-profesión que sienta es con la que más se identifica, además de las eventuales buenas perspectivas que pudiera tener para una pronta salida laboral. Por tanto, este tipo de orientación remite a una solución práctica para el “cliente”, pero no por ello signifique que necesariamente tenga una relación-vínculo con la razón-motivo de la misión a la cual está llamado o por la cual vino al plantea Tierra.

Por supuesto que uno no puede obviar la necesidad de trabajar no solamente para poder vivir, sino también para poder brindar un sustento responsable a su familia. Esta prioridad es, justamente, la que mayoritariamente todos tenemos en cuenta –como Jakob Böhme la tuvo en su rol de zapatero. Pero también existe la “otra” profesión o trabajo que hace a nuestra misión y que muchas veces, por su desconocimiento, muchos no logran o llegan a ponerla en práctica; seguramente que les quedará como una asignatura pendiente para un futuro mediato.

La profesión única, también vale

Pero también son muchos los seres humanos que, incluso desde pequeños, tienen muy en claro cuál es su misión en la vida y por ello se muestran muy expectantes en poderla llevar a cabo. De esta forma logran asignar toda su energía en aquello que sienten es su razón y destino existencial.

Al emanar este impulso desde la interioridad de la persona e independientemente de no “vivenciarlo” como un punto de partida –como era el caso del “gerente de Internet de las Cosas”– estas personas lo logran conformar en la práctica como “la” vocación que sustenta el trabajo-profesión a llevarse a cabo. ¿Esto qué significa? Que con la profesión y su práctica van no sólo creando todo aquello que los alegra y gratifica, sino también aquello que se desarrolla sin que la persona tenga una injerencia en ello, es decir, los valores presentes y futuros que por su desempeño han comenzado a “germinar” en la sociedad.

Así, sin darnos cuenta, el ser humano común realiza el trabajo más insignificante de su profesión, pero también aquello que pareciera la cúspide o culminación de un trabajo. Por su forma, compromiso y dedicación, irá proyectando a través del tiempo su identidad personal en la aceptación, la valoración y el reconocimiento de sus semejantes, mientras su Personal Branding permanece amalgamado en las “obras” de su misión.

Si bien la culminación de un trabajo es un final, los trabajos “insignificantes” son siempre un comienzo. Porque todo importa, hasta el ser un buen zapatero.

¡El portador de Tu Marca Personal va doblemente enhebrando en el hoy todo aquello que no sólo es una solución concreta, sino aquello que en algún momento también lo trascenderá!

José Podestá  

El Sentido de Preguntarse

17 septiembre 2017 ·

Así como de niño nuestros padres solían preguntarnos qué te gustaría ser el día de mañana, ya de adolescente uno no tenía otra alternativa que preguntarse qué debo hacer de ahora en más, en la medida que la vocación no hubiese aflorado aún.

Cuestión filosófica y existencial

El filósofo sabe que lo suyo es un preguntar continuo, no sólo en lo personal y existencial, sino en los temas centrales de su quehacer profesional. En tal sentido, se dice que la filosofía es un camino de abordaje y reflexión que busca respuestas a preguntas que tienen que ver con la vida, la verdad, la belleza, la moral y de todo aquello que nos ocupa y vincula con el saber y las cosas.

Aunque no seamos un filósofo profesional, no deberíamos olvidar la capacidad de formular preguntas. En el hoy tan cambiante y veloz en el que convivimos e interactuamos, no se trata de optar por hacer y seguir a la corriente en piloto automático, sino de autopreservarnos con aquellas preguntas básicas que nos permitan saber si no estamos perdiendo el rumbo o quizás el sentido de nuestra vida.

Para ello se necesita estar bien parados, con los dos pies sobre la Tierra. Esto presupone o nos demanda tener que saber sobre sí mismo –el infaltable “quién soy yo”– que no siempre lo tenemos en claro o porque directamente ni se nos ocurrió pensarlo. Sin embargo, esta pregunta es básica, primaria, porque nos remite a nuestro punto de partida existencial, a partir del cual vendrá todo lo demás. Pero cuidado, porque:

- No se trata de preguntarse y responder sólo para un momento en particular –tal como se lo requiere a todos aquellos que se interesan por el Personal Branding– sino que debemos hacerlo también con relativa frecuencia, mediante una especie de “sintonía fina” que nos conecte con nuestra misión en la vida. Con ello incluso podríamos ir despertando las fuerzas volitivas aún dormidas.

- No podemos “tercerizar” la respuesta. El psicólogo no la tiene, tampoco el filósofo ni mucho menos la neurociencia. Aquí estamos “solos” frente a la respuesta que anida en el ADN de nuestro ser interior, motivo por el cual tenemos que darle la oportunidad de “manifestarla” o bien ponernos en una sincera “actitud de escucha” con el Yo, no el de nuestro ego y personalidad, sino el espiritual. De paso, nos estamos autoexigiendo un máximo de claridad de conciencia.

El filósofo alemán Richard David Precht, autor del libro “Quién Soy Yo… y Cuántos”, nos ayuda a “pensar” en el tema, aunque ya nos advierte de entrada que el saber sobre sí mismo dejó de ser esencialmente una pregunta filosófica para pasar a ser, hoy en día, un tema  propio de la neurociencia, dado su afán de querer explicar los fundamentos de nuestro órgano de conocimiento y sus posibilidades cognitivas. Y aquí subyace uno de los errores más frecuentes de la ciencia natural, que todo lo pretende medir, cuantificar, para luego pasarlo por el tamiz de la lógica y de la razón, cuando la pregunta “quién soy yo” es, en realidad, algo que para nada tiene que ver con lo orgánico –el cerebro– sino con lo intangible –lo anímico espiritual.

Al respecto, si en algún momento ustedes quieren poner “nervioso” a un científico, háganle saber que la decisión que han tomado ha sido “fruto de una corazonada”. Justamente porque es a través del calor de nuestro organismo y no del frío de nuestra mente, cuando predisponemos a nuestro ser interior para que nos “hable e ilumine”.

Con ello para nada estoy subestimando el valor ni el aporte que la ciencia tiene y viene brindando a la humanidad; negarlo es un sinsentido. Simplemente lo que intento es advertir que para determinadas cuestiones –como las que tienen que ver con nuestra existencia y su razón de ser en la Tierra– las respuestas no las vamos a encontrar en la ciencia natural, sino en nuestra interioridad. De allí que el pensar filosófico, tal como lo menciona Richard Precht, desempeña el papel de un consejero, justamente porque no se puede establecer desde afuera, desde el mundo exterior, lo que subyace en la existencia de cada uno de nosotros.

Las promesas externas

Es tal el avance de la oferta de propuestas y soluciones que deambulan en el mundo exterior que muchas veces, en lugar de ayudarnos a discernir, nos atrapan, sorprenden y condicionan. De allí la necesidad, nuevamente, de ejercitar nuestra capacidad de formular preguntas para no terminar “optando” por una diagonal que al poco tiempo de estar transitando por ella comenzamos a disgustarnos, no sólo con uno mismo, sino también con los demás.

El procedimiento, entonces, es partir al revés. Es decir, no descartar en absoluto aquello que el contexto hoy te brinda, en la medida que sea relevante para tu proyecto personal, tanto en lo laboral como profesional. Todo aquello que resulte ser funcional y complementario a la misión y vocación personal, no dejan de ser también “dones” que se encuentran a tu disposición para capitalizarlos y desarrollarlos.

En consecuencia, en la medida que tengas las respuestas al qué y el para qué haré uso de las soluciones que te brinda el cambio continuo, seguramente que no terminarán alterando significativamente tu proyecto personal. Más aún, quizás hasta puedas llegar a descubrir que llegó el momento de sumar también a otras personas, para que “juntos” puedas potenciar lo realizado hasta el presente y capitalices, porqué no, un nuevo impulso revitalizador.

¡El portador de Tu Marca Personal es un ser que está muy predispuesto a la escucha de su “consejero interior”, al tiempo que va brindando soluciones a todas aquellas preguntas que sabe no debe dejar de responder!

 José Podestá

El Personal Branding Eficaz

10 septiembre 2017 ·

Quizás por tratarse de una creencia o ilusión generalizada, muchas personas intuyen que el Personal Branding se crea y trasciende rápidamente, especialmente en los tiempos actuales de las redes sociales. Sin embargo y aunque lo consideremos de nuestro agrado, no es necesariamente así.

Si bien nos identificamos a través de nuestro nombre y apellido –substrato del Personal Branding– en la práctica no llegamos a ser habitualmente reconocidos más allá de nuestro círculo de relación. Esto entonces explica que hay algo que nos está faltando para que nuestra identidad se expanda, más allá de las fronteras habituales.

Contenido y resultados

Seguramente que ustedes tienen sus preferencias y valoración por algunas marcas de productos y servicios, como así también de personas que tienen o han tenido un desempeño y contribución social dignos de apreciación.

Entonces, desde el vamos, reconocemos que la trascendencia personal demanda un tiempo prudencial de gestación, desarrollo y posterior difusión; aquí tanto la “generación espontánea” como el “milagro” poco y nada tienen que hacer.

Esto mismo vale también para las marcas líderes en los mercados de consumo, las obras de arte, la literatura, etc. Sin embargo, es de resolución “más rápida” en el caso de las “celebridades”. Pero cuidado, porque se depende aquí de determinadas circunstancias y muchas veces también, del interés comercial o de oportunidad que se manipulan desde atrás, por la exposición mediática, etc.

En consecuencia y para no fracasar en el intento, deberíamos tener en cuenta lo siguiente:

- En primer lugar contar con un proyecto o plan de carrera laboral-profesional, “anclado” en aquella vocación que realmente tenga sentido a tu misión en la vida. Esto es vital tanto para estar bien ubicado en la línea de partida, como para el posicionamiento y el desarrollo del Personal Branding.

- En segundo lugar, dotar de contenido a tu tarea. Todos tenemos alguna habilidad o talento que nos diferencia de nuestros prójimos, para plasmarlos en el estilo y la forma de cómo hacemos lo que hacemos.

- En tercer lugar y como consecuencia de los dos anteriores, están los resultados. Esto importa de sobremanera, porque hace a la coronación exitosa o no de tu trabajo-profesión. Así como el refrán popular dice que en la pista se ven los pingos –alude a no sacar conclusiones antes de tiempo acerca de algo que todavía no hemos visto en acción– recién vamos a ser “reconocidos y valorados” cuando los frutos que seamos capaces de ofrendar a nuestros prójimos en particular y a la sociedad en general, tengan para ellos algún significado.

Estos tres pasos “abstractos” que he esbozado para que se pueda llegar a comprender el proceso conducente del Personal Branding, sirven también para darnos cuenta que no se trata de algo “mágico” ni tampoco “marginal”. Simplemente, requiere de un tiempo de “maduración” –como el buen vino– y de responsabilidad social acerca del modo y la forma  en que cada uno sienta cómo debe tomar las riendas de su vida.

Mientras la celebridad necesita estar muy dependiente de su Personal Branding, porque sabe que lo suyo puede durar tanto como una estrella fugaz, aquel que lleva adelante su vocación con pasión y constancia NO necesita ocuparse de su Personal Branding, ni estar para nada dependiente de ello. ¿Por qué? Porque han de ser sus pares, es decir los prójimos y la sociedad misma los que se “ocuparán” de hablar por él, expandiendo o desvalorizando su Personal Branding –con ello su identidad– en función de cómo ha venido realizando sus actividades.

Por supuesto que para nada excluye que esta persona cuente con su propio espacio de visibilidad en la plataforma digital, por tratarse de un medio de comunicación complementario que hoy tenemos todos a mano, para que también se constituya en un aliado y “vocero”, mucho más allá de la localización geográfica en que uno se encuentre establecido.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe que lo suyo debe hacerlo muy bien, para que la “huella” de su quehacer no sólo lo identifique, sino para que también se transforme en inspiración, ayuda y una eventual solución para los demás!

José Podestá

Nuestro Amigo, El Robot

03 septiembre 2017 ·

El avance de la tecnología aplicada a la realización de tareas generales repetitivas es el tema que, de un modo frecuente, se viene debatiendo en los medios de comunicación. Por cierto que se trata de un nuevo paradigma que ya está impactando en las tareas que las personas vienen realizando en distintas áreas e industrias.

Por tratarse de tareas repetitivas que por lo general no demandan de la persona la aplicación de conocimientos especiales, cabe entonces hacernos aquí las siguientes preguntas:

- ¿Vale la pena que uno se pase la vida haciendo algo que no tiene demasiado valor ni reconocimiento?

- ¿Se justifica que hasta el presente algunas actividades repetitivas las siga realizando el ser humano? Y si la respuesta fuese positiva: ¿Se merece que esa persona quede entonces en igualdad de condición al de un robot?

Así como a veces en la vida uno tiene que dar un paso al costado, porque la situación o el trabajo que se viene realizando termina superándonos o llevándonos hasta el umbral de una enfermedad, considero que la futura sustitución de tareas que poco y nada nos aportan en la vida –además del magro salario que por ello se recibe– no debería ser vista como una amenaza apocalíptica, sino como la oportunidad que se nos presenta para cambiar y crecer.

También es bueno tener en claro qué se entiende por robot, porque no refiere ni es sinónimo de herramienta, tal como por ejemplo es el caso de la impresora 3D.

Cuando a principios de la década de 1950 apareció el lavarropas –aliado indiscutido para el lavado repetitivo de prendas en general– nadie salió a la calle o en los medios de comunicación quejándose ni denunciando la presencia de un “intruso” en el hogar, que venía a desmerecer y producir una serie de “cuestionamientos existenciales” al rol que le correspondía al ama de casa.

Décadas más tarde, cuando la industria automotriz comenzó a incorporar sofisticados robots en las líneas de ensamblado –ídem en la industria aerocomercial– los operarios se encontraron con un “aliado” que si bien avanzó sobre algunos puestos tradicionales, también demandó a los obreros el tener que “capacitarse” para pasar a ser los responsables del manejo y la supervisión del “recién llegado”.

El robot aplicado en una operación de corazón o de cerebro no deja de ser un “aliado” imprescindible para los cirujanos que intervienen al paciente, y una tranquilidad para éste también.

Cuestión ética y social

Frente a esta realidad, por supuesto que no se puede dejar al empleado ni al profesional en una condición de abandono o desprotección. Lamentablemente no todos los empresarios entienden lo que implica el aporte e incorporación responsable de la robótica en su justa medida, sino que más bien lo consideran como una “solución maravillosa” para reducir personal, ahorrarse el pago de las cargas sociales y en definitiva, maximizar el nivel de rentabilidad.

De allí que en la medida que se imponga esta visión y actitud mezquina-egoísta, que implica migrar de la gestión de personas a la gestión de robots, los empleados estarán en problemas.

Como muestra de ello me parece muy elocuente y desmoralizante mostrar el punto de vista sustentado por Terry Gou, fundador y consejero delegado de la empresa china Foxconn –fabricante del iPhone de Apple– quien llegó a decir que prefería los robots porque “los seres humanos son animales y dirigir a un millón de animales me da dolor de cabeza”. Quizás esta persona no se dio cuenta de la “animalada” que expresó al referirse tan despectivamente de esa forma a sus prójimos. Como esta es la clase de empresarios irresponsables y con poder que confirman la regla, es fundamental que la sociedad establezca los mecanismos legales pertinentes para neutralizarlos debidamente.

Qué nos dice este ejemplo

Evidentemente al ser humano le cuesta llegar a asumir la libertad de un modo responsable, especialmente cuando le toca ejercer un cargo de máxima autoridad. Entonces, en la medida que ello no suceda, será necesaria la restauración del equilibrio mediante su difusión y el acatamiento legal.

Así como la reputación de una compañía se traduce automáticamente en una mala imagen institucional ante la sociedad, lo mismo vale para el Personal Branding de todos aquellos que asumen actitudes y comportamientos perjudiciales hacia los demás.

Las personas influyen e importan

También existe otro impulso que permitirá amortiguar, neutralizar o revertir las consecuencias negativas del “empleo” indebido de los robots. Esa fuerza anida y es parte de nosotros, es decir, que gracias al poder que hoy disponemos por el acceso a la información, estamos en condiciones de hacerla valer por distintos medios y plataformas.

En consecuencia, una doble fuerza permitirá bloquear las conductas desviadas de aquellos que pretenden tergiversar la razón de ser de la robótica: el estado a través de las normativas y los ciudadanos, mediante el ejercicio responsable del poder que nos asiste por estar informados.

En la medida que establezcamos una empatía personal hacia el robot, éste pasara a ser un verdadero aliado-amigo. Porque le permitirá al ser humano comenzar a “ocuparse” y a “trabajar” en otras actividades que requieran de su habilidad-talento para, en definitiva, sumar un nuevo valor hacia sus prójimos, al tiempo que dota de sentido a la vocación de vida que está llevando a cabo.

¡El portador de Tu Marca Personal va  metamorfoseando y enriqueciendo su vocación a partir del devenir tecnológico, sin que por ello signifique tener que claudicar en lo suyo ni mucho menos en los resultados que su obrar y desempeño tienen para sus prójimos y la sociedad!

José Podestá

 

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