25 septiembre 2016 ·

Trabajar Como Ser Humano

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En una organización suelen darse básicamente tres tipologías de empleados, a partir de cómo hacen las cosas.

- Los que asumen con responsabilidad y entusiasmo tanto las actividades asignadas como sus propuestas de mejora y valor. Se trata de un perfil autónomo, que está predispuesto a innovar y ser parte de grupos heterogéneos de los que pueda “retroalimentarse” en pos de sus objetivos.

- Los que muestran una cierta inercia en sus tareas, la que está acompañada con una baja expectativa y motivación. Se caracterizan por ser dependientes y eventualmente reactivos frente a las circunstancias.

- Los “multitasking” que se involucran de modo proactivo en diversas tareas, en forma simultánea, disfrutando además por mantenerse conectados en la frecuencia 24/7.

Pero más allá de estos perfiles, es muy importante que el trabajador –sea un empleado en relación de dependencia o un profesional independiente– tenga bien en claro si lo que está haciendo tiene algún sentido en su vida o se trata, más bien, de un camino o modo de “ganarse la vida”.

Las razones

Por lo general no suelen ser mayoría los que tienen definido, en función de su misión y vocación, la razón-sentido de lo que vienen haciendo o están dispuestos por realizar. Lo habitual es que la persona se ponga a trabajar o seguir eventualmente “alguna” carrera o posgrado universitario, porque piensa o cree que “de algo hay que vivir”.

Seguramente que ustedes tienen muy buenos ejemplos de lo que acabamos de describir. Más aún, hasta podría ocurrir que alguno de ustedes llegue a sentirse identificado con lo mencionado. Por supuesto que para nada pretendemos “molestar” con ello, porque sabemos muy bien que suele ser un tema generalmente no resuelto, por la ausencia o carencia de algún soporte oportuno de orientación y reflexión, ya sea en la escuela o en la propia familia.

También en un dato de la realidad la falta de un espacio referencial que ayude a las personas a poner en claro el “qué y el para qué” de su existencia y cómo ésta debería articularse en su vocación de vida. En cambio, sí proliferan las soluciones rápidas e “interesadas” que apuntan a resolver el futuro de la persona a través de la oferta de estudios que, además, es “propia” de la institución que brinda dicho “servicio”.

Esto explica, entre otras razones, que el cuarenta por ciento de los alumnos que finalizaron el primer año de la carrera “elegida”, luego no se inscriban en el segundo año. Mientras tanto, el Estado de turno también hace lo suyo, al facilitarle al alumno universitario el poder cambiar sin problema a otra nueva carrera, reconociéndole las asignaturas ya cursadas y aprobadas, evitándose así el tener que comenzar de nuevo.

Como pueden ver, se elige poner el caballo de frente al carro, sabiendo que así no se podrá llegar a ningún lado.

Por supuesto que existen otros motivos y circunstancias que atentan hacia el tema central de poder trabajar como personas, es decir, como un ser humano que percibe o llegó a descubrir que lo suyo tiene un sentido, porque está orientado a brindar determinada solución a sus prójimos. Entonces, el trabajar como ser humano no implica el tener dotes de genio ni talentos deslumbrantes. Pero sí en hacer aquello que cada uno “descubre” es la misión y razón de ser de su existencia.

Si bien la realidad en la que estamos expuestos poco y nada suele ayudar, dado que lo que importa es más bien todo aquello que estimule el consumo y en definitiva sea “un negocio” para quienes los promueven, no por ello debemos olvidar que cada uno de nosotros también posee su “propia marca”. Por tanto, en la medida que llevemos a cabo nuestra tarea –independientemente de la empresa o la profesión elegida– seremos los portadores de una “identidad” de real valía y sentido. ¿Por qué? Porque no sólo es la que nos permite darnos a conocer en lo que hacemos y distinguirnos como personas, sino que también es la que en definitiva terminarán valorando nuestros prójimos.

¡El portador de Tu Marca Personal es reconocido e incluso recordado no por el dinero y el poder detentado, sino por el “sentido” que sus obras tienen para las personas y la sociedad, en general!

José Podestá

Evaluación de Desempeño

18 septiembre 2016 ·

Quizás no a todos les gusta o motiva llegar a saber cómo lo ven los “otros” en términos de eficacia y eficiencia. Este tema ha pasado a ser central durante décadas en la mayoría de las organizaciones, llegando a producir distintos sinsabores entre las partes. No obstante, se lo ha utilizado también para saber en qué medida el perfil de las personas guarda alguna relación y compromiso con la cultura de la compañía.

Si no se mide, no se hace

En los últimos años creció sensiblemente la oferta de herramientas de tipo cuantitativo, como respuesta a una de las necesidades más importantes que tienen las empresas a la hora de tomar alguna decisión clave, ya sea que se trate, por ejemplo, de una inversión, una localización geográfica o una discontinuación de productos-negocios.

La evaluación de desempeño se encuentra también dentro de las herramientas de contralor, más allá de su contenido cualitativo. Al respecto, quien fuera considerado en los Estados Unidos como el líder empresario más relevante del siglo XX –me estoy refiriendo a Jack Welch, ex CEO de General Electric por espacio de veinte años– impuso en su organización la filosofía de la “distribución forzada”, que luego terminó siendo replicada en los últimos quince años por muchas empresas. Esta distribución tiende a segmentar a los empleados de la siguiente manera:

- El 20% de las personas son las que superan sus metas y pueden ser candidatos a una promoción.

- El 70% sólo alcanza las expectativas, motivo por el cual son pasibles de una mejora en el desempeño mediante capacitación y coaching.

- El 10% no cumple con lo esperado. Por tanto, al no ser de interés para la organización, se exponen al despido.

Dado que GE es una compañía que sistemáticamente se autocuestiona, evalúa e innova en pos de la sustentabilidad y el desarrollo, a partir del año 2016 discontinuó la “distribución forzada”, por distintos motivos. Uno de ellos tuvo que ver con la alta insatisfacción de los empleados y los gerentes, no porque haya sido “desconsiderada” sino porque el cambio y la evolución cultural la convirtieron en una práctica obsoleta.

Esto no significa que la evaluación perdió su estatus, sino que ésta pasó a constituirse –incluso en GE– en un diálogo continuo entre la persona y su supervisor. Al respecto, es importante señalar que en el hoy son pocas las empresas que están haciendo este cambio, justamente porque en la mente de los que deciden aún permanece “enquistada” la máxima de priorizar, ante todo, lo que se puede medir.

Como podrán darse cuenta, en la medida que al ser humano se lo siga considerando como un “objeto-cosa” asimilado a un número de legajo y que, además, es pasible de todo tipo de contralor, se estará logrando con ello un efecto contrario al deseado. En  cambio, la organización que se “ocupa y trabaja” para que las personas que la integran sean el centro y la razón de ser de su existencia, logrará que haya un mayor grado de pertenencia, colaboración y generación de valor agregado, fruto del respeto y del grado de libertad existentes para que cada uno brinde la potencialidad de sus habilidades.

Aquellas organizaciones que consideran a sus empleados como “un mal necesario” y por tanto pasibles de aplicarles todo tipo de control, estarán no sólo distorsionando la práctica del management, sino que también pasarán a quedar expuestas entre los primeros puestos –y con justo motivo– como empresas socialmente “irresponsables”. En la práctica, son las que luego terminan quejándose porque no logran seducir a los millennials, al tiempo que se lamentan porque vienen perdiendo a sus mejores talentos.

Evaluación personal

Más allá de la evaluación y posterior reconocimiento que pueda realizar la organización, es muy importante que cada uno no deje de realizar su “propia” y personal autoevaluación. ¿Por qué? Porque ante la velocidad del cambio al que estamos expuestos, además de los estímulos que nos impactan desde el entorno material, no es nada raro que uno se vaya apartando sin darse cuenta de su plan de carrera laboral y profesional.

Al respecto, no debemos olvidar que nos tocó venir al planeta Tierra no por un hecho meramente fortuito, circunstancial o “accidental”, sino para llevar a cabo una misión. Por tanto, para todos aquellos que así lo perciben y en respuesta a ello están llevando adelante su vocación de vida –tanto en lo laboral como en lo profesional y social– es importante no descuidar ni omitir la propia evaluación de desempeño.

De esta forma se estará mejor “parado” frente al proyecto personal que es consecuente con dicha misión, evitándose con ello el llegar eventualmente a perder el norte o lo que es peor, la motivación por constituirse en un referente ante los prójimos.

¡El portador de Tu Marca Personal va dejando su “huella” en todo aquello que hace a su vocación, con la importancia que esa entrega tiene para con los demás, sin por ello omitir el autocontrol de su propio desempeño y eventual rectificación!

José Podestá

Diálogo con Sentido

11 septiembre 2016 ·

En la presente economía de la información y el conocimiento suelen darse por creídas algunas premisas. Una de ellas tiene que ver, justamente, con la comunicación y su derivada: El diálogo con las personas, sean familiares, amigos, compañeros de trabajo o clientes.

Los soportes poco ayudan

Nadie discute acerca de los beneficios de los múltiples gadgets en el ámbito de la informática y la comunicación personal. Pioneros como IBM –inventor de la PC de escritorio– y Motorola –inventor de la telefonía móvil– han sido los impulsores de un revolucionario cambio de paradigma que, en sus respectivas categorías, posibilitaron la expansión y el flujo continuo de múltiples soportes que hoy no es tan fácil de predecir en su escalada de expansión global.

Sin embargo, también es un dato de la realidad el tremendo grado de “soledad e incomunicación” que padecen muchas personas hoy en día; de ello dan cuenta y confirmación los psicólogos. Si bien la inmensa mayoría de la población mundial tiene “en mano” su celular o móvil, ello no es garantía para el logro de una comunicación de calidad y de diálogo entre las personas. Conviene aquí no confundir los conceptos de información –que es lo que hoy abunda– versus la comunicación devenida en escasa y precaria.

Desde ya que la falla o carencia de lo que estamos afirmando nada tiene que ver con la tecnología disponible e incorporada en los celulares-móviles. El problema radica, más bien, en el uso y la forma en que las personas hacen de ello.

Lo importante, entonces, es darnos cuenta que por el simple hecho de llevar un celular en la mano y estar “conectados” las veinticuatro horas del día, hemos perdido o “renunciado” entre otras cosas, al diálogo con nuestros prójimos.

Quizás el ejemplo más contundente de esta consecuencia no deseada nos lo brinda aquella imagen frecuente de padres con sus hijos compartiendo una comida en el restaurant, “en silencio”, porque cada uno se encuentra concentrado –o atrapado– con “la vista fija” puesta sobre la pantalla del celular. Pero en realidad, ello no es nada más que el aggiornamiento del proceso de aislamiento e incomunicación que años atrás fuera anticipado por la “caja boba” –el televisor– en el momento en que la familia compartía la mesa en el hogar.

Control personal

Más allá de los efectos adictivos que la tecnología viene produciendo en las personas, siempre está en uno el saber fijar los límites de tal intromisión. Si bien no es tan fácil lograrlo –de allí el aumento de las consultas personales en búsqueda de ayuda– no debemos renunciar o claudicar ante el “poder” de atracción que producen estos soportes u objetos inanimados. ¿Por qué? Porque en definitiva, se trata de un “intruso” que prácticamente nos está “extorsionando”, adhiriéndose en nuestra palma de la mano para que lo llevemos a todas partes, al tiempo que nos va distrayendo y apartando muchas veces de nuestra misión central en la vida.

Si bien este relato tiene un sentido genérico, no excluye en absoluto a los que están o vienen trabajando en su Personal Branding. Una vez que el individuo haya descubierto cuál es su misión y la vocación que ha de permitirle llevarla a cabo en beneficio de los prójimos, se necesitará tener una alta exposición a la observación y el “diálogo” permanente, incluso con uno mismo. De esta forma:

-El estar en diálogo con las personas nos posibilita tener un retorno fluido de sus necesidades concretas y reales, lo que no deja de ser una ayuda inmejorable para llegar a ser más eficaz y efectivo en lo que a diario hacemos.

- El estar en diálogo con nuestro ser interior nos permite, además de validar lo que venimos haciendo, el poder realizar en tiempo y forma las rectificaciones que sean necesarias, como así también el llegar a capitalizar aquellos “mensajes” que provienen del yo, que es el núcleo espiritual de la personalidad que se manifiesta en nuestra alma.

En ambos casos, el valor del diálogo es lo que en definitiva el ser humano deberá priorizar para no sucumbir a la distracción y el “ruido” que, desde el mundo exterior, el “fetiche” de turno aspira para que cada uno no sólo baje la mirada, sino que termine “postrándose” ante él.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe que necesitará avanzar en lo suyo a partir de los objetivos y metas que son conducentes con el motivo-razón de su existencia; de allí que el diálogo pasa a ser su principal “soporte”, por el sentido que ello tiene para el logro de una mejor relación y empatía con sus prójimos!

José Podestá

Originalidad con Sentido

04 septiembre 2016 ·

Para la gran mayoría de los que se informan acerca del sentido y el alcance del Personal Branding, es muy probable que no lleguen a tener en claro de qué se trata o bien lo perciban como algo “mágico” que no conviene desperdiciar.

No somos una marca ni una cosa

Cuando a partir de la década de los años 1960 las empresas comenzaron a darse cuenta que muy pronto el volumen de producción iba camino a superar el nivel de la demanda, comenzaron a prestarle mayor atención al marketing, especialmente en lo estratégico y táctico. Ya no se trataba de seguir fabricando objetos y mercancías a espaldas del cliente, sino a partir de sus motivaciones y la capacidad de compra. Caso contrario, se exponían a sumar una serie de fracasos comerciales y financieros, con el riesgo implícito de acortar el ciclo de vida sustentable de la empresa en el mercado.

El marketing aplicado no sólo permitió evitar o minimizar las situaciones de riesgo, sino también en llegar a ser una solución inteligente, tanto para la optimización del beneficio como del sólido posicionamiento de los negocios amparados en la fortaleza de sus marcas.

Con el advenimiento de la globalización, la posterior revolución del e-commerce y el poder creciente en manos del cliente-consumidor, dejaron de tener vigencia las clásicas reglas de oro del marketing. Sin embargo, ello no significó su “muerte”. Al contrario, las nuevas herramientas disponibles permitieron el reposicionamiento y la consolidación del marketing frente a un contexto de mayor sofisticación, fragmentación y sobreoferta de productos y servicios.

Las “bondades” genéricas del marketing, gracias a la creatividad e inteligencia aplicada de sus desarrolladores, ha sido luego tenida muy en cuenta para su extensión y aplicación en el ámbito de las personas. Más concretamente, en todos aquellos que sienten la necesidad de lograr y alcanzar un mayor reconocimiento y visibilidad en el trabajo o profesión que llevan a cabo. Para otros, la urgencia los impulsa aplicar el marketing como una herramienta alternativa para la búsqueda de un nuevo empleo o de mejora de la imagen personal.

El problema está vigente

Si bien somos portadores de un nombre y apellido que con el tiempo puede llegar a devenir en la “marca” que nos identifique en el contexto de iguales hoy vigente, ello no significa que las técnicas del marketing se puedan replicar de igual forma. ¿Por qué? Porque lo que funciona muy bien para un objeto, cosa o mercancía, no garantiza en absoluto que se lo pueda extender o aplicar literalmente en el ser humano. Lo nuestro tiene otro sentido y razón de ser en la vida de cada persona-individuo, que va más allá del mundo de los productos-servicios-marcas de los cuales “nos servimos” para cubrir nuestras necesidades primarias y los deseos secundarios.

Sin embargo, un grupo de “expertos” comenzó a difundir hacia fines de la década de 1990 que el Personal Branding era un recurso viable y fundamental. La bibliografía que comenzó a circular pretendía justificar tal oportunidad, especialmente para los que aspiraban ser los portadores y referentes de tal promesa.

Cada uno de ustedes seguramente tiene “in mente” el nombre y apellido de aquellas personas que han sido o son referentes actuales en distintos ámbitos o especialidades. Pero también saben –o lo intuyen acertadamente– que ello no lo hicieron aplicando las técnicas del marketing, sino todo lo contrario: Son lo que son por haber sido perseverantes en la misión y con la vocación que mayor sentido tiene en sus vidas.

El resultado final

A partir de la impronta y el estilo que caracteriza a las personas que se destacan del entorno en donde trabajan y hacen lo suyo, pasan a ser individuos “originales” que irradian una percepción-imagen favorable y de interés en los “otros”; excluimos, por supuesto, a todos aquellos que logran lo mismo pero a partir de aquellas actividades que están reñidas con la ética y el bien común.

Tal originalidad hace que sean vistos como personas admiradas, respetadas y valoradas por el sentido y la “pasión” que emana de su trabajo o profesión. Es decir que son portadores de una “marca” que, a su vez, se constituye en la “huella” que van dejando a través de su existencia, como un legado-tributo que ofrendan a sus prójimos.

¡El portador de Tu Marca Personal es un individuo que partió haciendo aquello por el cual vino a la vida, sin priorizarlo en su propio beneficio ni teniendo como objetivo los réditos del marketing de los objetos ni de las cosas!

José Podestá

Uniformidad Letal

28 agosto 2016 ·

En el mundo de las organizaciones e instituciones no siempre se aceptó la diversidad en el pensar y el hacer del empleado. Si bien hoy es un requisito prácticamente excluyente, durante décadas el área de recursos humanos se “ocupó” por erradicar a todas aquellas personas que no “aceptaban” ser parte de la legión de iguales en sus respectivos sectores, incluido los directivos de primer nivel.

Adiós al paradigma de la uniformidad

En más de una oportunidad he escuchado en las búsquedas de alto nivel ejecutivo que el postulante debía ser una persona muy predispuesta a la no confrontación de opiniones e ideas con sus superiores. Como en los tiempos pasados las organizaciones no estaban expuestas a los cambios imprevistos y a las crisis recurrentes propias de la actualidad, la “docilidad” de los empleados no modificaba el clima laboral u organizacional.

Esta forma de pensar y de actuar fue creando una tipología de empleado que, con el tiempo, desembocaría en una consecuencia no deseada: el empleado promedio, rebaño o “clon”, es decir, ubicado dentro de una media uniforme que respondía a la consigna de obediencia para hacer lo que el “jefe” establecía. Hasta era frecuente escuchar la sentencia “aquí el único que piensa soy yo”, toda vez que un empleado pretendía sugerir de muy buena fe alguna propuesta de mejora.

Las organizaciones también se beneficiaban con ello por tener bajo control el costo laboral. ¿En qué sentido? En la medida que en cada una de las descripciones de tareas había  “empleados-promedios”, el salario-sueldo también corría con la misma suerte. Así, las empresas se evitaban incluso de tener eventuales conflictos salariales entre pares.

Quien hoy lee o escucha algo así es muy probable que le cueste comprender tal despropósito, básicamente por dos razones:

- La uniformidad es contraria a la dignidad de la persona, desde el momento que cada uno de nosotros en un individuo que tiene una misión y un proyecto de vida a realizar.

- La sumisión nada tiene que ver con la creatividad, la innovación y el valor agregado que cada persona debe incorporar en su trabajo o profesión.

Sin embargo, tengamos en cuenta que la uniformidad no es exclusiva del ámbito de las compañías. Hoy también se da en la formación universitaria; prueba de ello es la similitud de las nuevas carreras, asignaturas y programas que muestran contenidos muy parecidos, tanto a nivel de grado como de posgrado. En tal sentido, los invito a que realicen sus propias pesquisas y saquen sus conclusiones.

El sentido del Personal Branding

Cualquiera sea la profesión que se tenga en cuenta –abogacía, psicología, administración, medicina, etc.– no es fácil encontrar entre los profesionales significativas diferencias entre sí. El motivo de ello guarda bastante relación con la mencionada uniformidad en la enseñanza y estudios. De allí que algunos de estos profesionales terminen luego “optando” por otro tipo de actividad, ante el limitado campo de desarrollo profesional existente; también es cierto que en ello suele incidir que la profesión elegida poco y nada tenía que ver con la vocación y su sentido vinculante con la misión de la persona.

Pretender que el Personal Branding brinde una solución a tal problema o posterior frustración no deja de ser una utopía o ilusión, a pesar que algunos “expertos” en el tema prometan lo contrario. ¿Por qué? Por algunas razones, como ser:

- El Personal Branding no resuelve la incorrecta elección de una carrera laboral o profesional, ni mucho menos la uniformidad consentida.

- Sí aporta mucho para el mediano y el largo plazo, en la medida que el plan de carrera o el proyecto de vida de la persona funcione adecuadamente, es decir, que esté vinculado a la ya mencionada misión y vocación.

- Sólo brindará trascendencia en el tiempo por el sentido e importancia que tienen los “otros”, es decir, los prójimos. Así como una celebridad puede disfrutar de su Personal Branding en la medida y el tiempo en que sus “fans” así lo establezcan, aquella persona que llevó a cabo su proyecto de vida con vocación y sentido social, lo irá capitalizando favorablemente a lo largo de su vida.

¡El portador de Tu Marca Personal es un ser que se opone a cualquier intento de uniformidad, porque sabe que su misión es un reto y un compromiso puestos al servicio de sus semejantes!

José Podestá

Comprometerse con el Trabajo

21 agosto 2016 ·

El compromiso en los empleados y profesionales vincula con el estado emocional y racional que los motiva a dar lo mejor de sí en la tarea, oficio o profesión elegida. Sin embargo, el Estudio Global de Compromiso Aon Hewitt 2016 realizado en 164 países, resalta que sólo casi la mitad de las personas saben qué es y qué implica el compromiso.

En qué consiste

El compromiso de las personas se manifiesta en tres aspectos:

- El hablar favorablemente de la organización o de la profesión que se ejerce y desarrolla.

- La intención de permanecer en la actividad, porque hace al plan de carrera laboral-profesional.

- Contribuir desde esa tarea-actividad en la mejora continua, sabiendo que lo suyo no sólo responde a su vocación, sino que tiene por destinatario a sus prójimos.

Cuál es y debiera ser la motivación

Por el alto condicionamiento cultural y de exposición a los designios del “mundo exterior”, el ser humano “cree” que la remuneración-honorarios y el reconocimiento-prestigio social hacen al compromiso que finalmente uno debería asumir o demostrarlo. Por tanto, en la medida que el salario o los ingresos no guarden relación con la motivación así entendida, para qué uno debería “entregarse” y “comprometerse” en algo que para nada cubre con las expectativas personales.

Como podemos ver, en esta forma de pensar está implícita la actitud condicionante del compromiso a la variable ingresos. Así, lo material se antepone al sentido que para cada persona tiene su proyecto o plan de vida; poner el dinero y el poder como aspiración central, sin privilegiar a los “otros”.

Pero afortunadamente no todos piensan así. De allí que existan seres humanos que, movidos por la necesidad y las carencias de sus semejantes, trabajan para su reinserción y desarrollo en la sociedad, con una total entrega y compromiso.

Quizás la mayoría de ustedes tiene presente la imagen antigua del buzo que con una vestimenta apropiada, pero muy pesada, descendía a las profundidades del mar asistido desde la cubierta de la embarcación para que el suministro de oxígeno al que se encontraba conectado, fluyera sin problemas. Esta imagen la podemos también convertir en una metáfora, para representar a aquellas personas que van por la vida con una mochila muy pesada en sus espaldas, conteniendo en ella todas sus conquistas materiales a punto tal que les imposibilita poder moverse con rapidez y libertad, tal como le ocurre al mencionado buzo.

En la medida que el hombre pretenda sumar y rodearse de aquellos elementos que “cree” le será útil para un mañana sin contratiempos, es muy probable que con ello se esté desviando del motivo y razón de su misión y vocación en esta vida. Así como hemos venido sin dinero a la Tierra, también nos iremos de la misma manera. Creer que el dinero es la principal razón y reaseguro para llevar una vida “digna”, es una trampa existencial. ¿Por qué? Porque la estamos viciando de egocentrismo.

Así como el centro de una organización, sociedad o nación son las personas-ciudadanos, en el eje central de nuestra existencia están los “otros”, es decir, nuestros prójimos. Para ellos es que uno lleva adelante el trabajo o profesión elegida, a tono con la vocación. Luego, la organización o las instituciones proceden a retribuir con dinero por la calidad del aporte personal y del valor agregado que, en función del compromiso y motivación, cada uno haya puesto en lo suyo.

Entonces, en la medida que el compromiso se concentre en hacer muy bien la tarea, al tiempo que no se pierda el norte o sentido que ello tiene para sus destinatarios –sean clientes, consumidores, pacientes, personas en situación de calle, etc.– no sólo se estará obrando responsablemente, sino también que nos estaremos “enriqueciéndonos” mutuamente: tanto el realizador de la tarea como el destinatario y razón de ser de dicha entrega.

Si bien estamos aludiendo al compromiso a nivel de las personas, cuando éstas se agrupan detrás de un proyecto común o trabajan para su empleador, en la medida que la sumatoria de todas estas voluntades hacen lo que hacen en función de sus destinatarios, estarán creando una “riqueza” superlativa que va más allá del dinero o retribución personal recibida. ¿Por qué? Porque no sólo es económica, sino también social.

¡El portador de Tu Marca Personal podrá ser tanto una persona que persigue egocéntricamente la fama, el poder y el dinero en el corto plazo, como aquél que trabaja en función de su misión-convicción y vocación de vida! Como resultado de ambos enfoques, la trascendencia y valoración de sus respectivos nombres y apellidos sólo perdurarán y serán dignos de consideración, por el sentido que hayan asumido en su compromiso laboral y social.

José Podestá

 

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