Respeto Mutuo

26 marzo 2017 ·

Quizás la empresa estadounidense Motorola no pensó, cuando introdujo en el año 1983 el primer teléfono móvil –precursor del celular multimedia– cómo terminaría la telefonía celular posicionándose en la vida de las personas. Lo mismo vale para IBM, cuando en el año 1981 introdujo la computadora personal de escritorio –precursora de la notebook y la tableta– y el posterior advenimiento de la World Wide Web con sus plataformas de comunicación en general y de correo electrónico en particular.

Lo cierto es que en la actualidad la inmensa mayoría de los seres humanos es altamente dependiente de la comunicación, pero no por ello el mundo está mejor. La prueba diaria está a la vista, en donde parecería ser que de un modo inconsciente la gente quedó “atrapada y sin salida”, con el “gadget” que se les adhirió en la mano y los gobierna obligándolos a ser altamente dependientes del mismo y a utilizarlo sistemáticamente, ya sea cuando manejan el automóvil –a pesar de estar prohibido su uso– o mientras van caminado por la vida con la “cabeza baja”, debido al influjo hipnótico que ejerce la pantalla del celular. Entonces, para “asistirlos” y evitar accidentes, ya se han habilitado en algunos países los "semáforos horizontales" para que los adictos al celular no tengan “necesidad” de levantar la vista para saber si pueden cruzar o no la calle, dado que la señal luminosa que aparece en el piso les “indica” si pueden avanzar o no. Es así como el celular –nuevo “fetiche” de la posmodernidad– logró posicionarse como el “amo y señor” de las personas, al menos hasta que éstas tomen consciencia de su dependencia “patológica” y reaccionen algún día en consecuencia.

Disparate sin sentido

Más allá del tono irónico que he enfatizado en el relato anterior, no deja de sorprender hasta qué punto el ser humano está dispuesto a ceder espacios de su libertad, en este caso en manos de un objeto inmaterial, al tiempo que la empresa de telefonía disfruta del momento convirtiéndolo en un estupendo negocio de oportunidad.

Esto llevado al ámbito de las organizaciones, también tiene lo suyo. Si bien a la mayoría de las empresas les “encanta” que sus empleados y ejecutivos sigan conectados a ella después del horario de trabajo –incluido los fines de semana y feriados– pareciera ser que poco les importa las consecuencias que se derivan de ello, en términos de la salud y productividad de su gente.

Otras compañías, por su parte, han tomado conocimiento prohibiendo a sus directivos “exigirles” a sus empleados el estar conectados fuera de la jornada de trabajo. Incluso hay casos en donde la empresa “premia” con dinero a sus empleados, en tiempo de vacaciones, para que no se contacten online con sus respectivas áreas.

Realmente es llamativo que en el siglo XXI se haya llegado a esta realidad, al tiempo que existan directivos, especialistas y asociaciones profesionales vinculadas al ámbito laboral, que “sugieran” hacer el esfuerzo de dar cumplimiento a la jornada laboral y a la privacidad de sus empleados. ¡Con sólo observar las disposiciones legales se evitarían tener que hacerlo!

Como ejemplo descriptivo de la tremenda confusión en la que vive la mayoría de las personas, me parece interesante reproducirles a continuación tres situaciones que son bien gráficas:

- Un ejecutivo que se encontraba de vacaciones en Quebec, Canadá, comentó que gracias a no estar conectado online con la compañía, “tenía tiempo para hacer muchas cosas maravillosas, tales como visitar a sus sobrinos, alojarse en un lugar parecido a un castillo, disfrutar la versión canadiense del bowling y dormir un par de siestas”. ¿No les resulta llamativo a ustedes el testimonio de esta persona que se sienta feliz, luego de sus vacaciones, por haber disfrutado de su merecido descanso, cuando es lo más natural que debiera suceder?

- El fabricante alemán de automóviles Volkswagen decidió reprogramar sus servidores para que los empleados dejen de enviar correos electrónicos fuera del horario de trabajo.

- A partir de enero de 2017, una ley francesa dio a los empleados en todo el país el “derecho a desconectarse”. Al respecto, la ley establece que las compañías con cincuenta o más empleados implementen una política que evite que el correo electrónico de la oficina, después de las 18 horas, invada el tiempo libre.

Esta ley ha sido consecuencia de la aflicción surgida y conocida como de la “obesidad informativa”. La misma mantiene a las personas con la cabeza baja, tal como lo vemos a diario, con los efectos nocivos que ello tiene para la salud.

Sentido común

En el ámbito de las organizaciones abundan estudios que muestran que el desconectarse luego de la jornada de trabajo, reduce los niveles de fatiga y agotamiento mental. De esta forma, los empleados que vuelven descansados tienden a poner un mejor empeño en la resolución de los problemas y otras tareas creativas.

Si bien hoy en día se le presta atención a este tipo de conclusiones, considero que no necesariamente debería invertirse o “gastarse” dinero para llegar a este tipo de conclusión. ¿Por qué? Porque son básicamente lógicas y propias del sentido común.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe que en la medida que incurra en la “obesidad informativa” y no respete el tiempo de los demás, correrá el riesgo de perder autoridad y credibilidad tanto en su actividad-profesión como frente a sus prójimos!

José Podestá

Los Mejores se Van

19 marzo 2017 ·

En la mayoría de las organizaciones todavía ocurre que los responsables del área de las personas insistan en lo siguiente:

- Seguir utilizando la expresión “recursos humanos” para referirse a los empleados cuando, en realidad, éste no es un objeto inmaterial, una cosa o una materia prima a la que hay que “extraerle” sus atributos o propiedades según el uso o aplicación de que se trate. Tal como ya lo he reiterado en más de una oportunidad, mal que les pese a las empresas, el empleado en un “ser humano” sin el cual la organización no podría existir. Pero por razones de costo quizás les convenga a ciertos directores reducirlo a una mineidad, a un “recurso”.

Esta práctica y miopía perversa se ha venido aplicando desde hace mucho tiempo, bajo el resguardo de las costumbres y la cultura social imperante. Pero felizmente hoy ya no es así –a pesar del uso extensivo aún vigente de la expresión “recursos humanos”. ¿Por qué? Porque en la medida en que la organización no cuente con las personas adecuadas y las posicione en el centro de la gestión, no podrá “competir” en el contexto en donde el diferencial hoy está justamente dado por la calidad de las personas que son parte del proyecto en cuestión.

- Implementar programas de “retención de talentos”, cuando la organización dice contar con los “recursos humanos” adecuados y bien remunerados. Entonces, ¿para qué se ocupa de “retener” a sus empleados? La creencia errónea y mayoritariamente imperante es la de pensar que los “talentos” deben ser sólo algunos de los integrantes del staff, cuando en realidad debiera abarcar a todos, es decir, desde el cadete hasta el CEO. ¿Por qué? Porque en un mercado de iguales –tal como ocurre y vemos en la mayoría de las categorías de productos y servicios ofertados– la ventaja competitiva ya no está allí, sino en la “inteligencia aplicada” de todos los que desde sus puestos llevan diariamente adelante el proyecto de la organización, para hacerla sustentable y admirada en el tiempo.

También ya he reiterado que para hacer viable lo mencionado, la empresa debe contar con “empleados de calidad”, que nada tiene que ver con el perfil de empleados promedio –tipo clon– que viene sustentando la anacrónica área de “recursos humanos”. La insistencia en ello es lo que luego conduce a que las organizaciones se desgasten por terminar “reconociendo y revalorando” tardíamente al empleado de valor, es decir, en el momento en que éste les presenta su renuncia. Seguramente que ustedes han de coincidir que el contexto sobreofertado y competitivo actual no justifica ni perdona a aquellas organizaciones que no hacen lo que las circunstancias demandan.

El dinero es sólo una parte

Las motivaciones que lleva a una persona levantarse cada día y salir rumbo a la empresa, no se agota en el sueldo. El salario justo es el que ayuda a cubrir las necesidades básicas, motivo por el cual la misión de la organización, el compañerismo, el clima imperante y el proyecto asignado son las “buenas” razones por las que la persona siente que vale la pena estar allí.

El factor movilidad –personalmente buscado o imprevistamente ofrecido por otra organización– hace que algunas empresas de excelencia, como es el caso de Google, también hoy estén perdiendo a sus mejores personas. Es el caso del auto sin conductor.

Es bien sabido el generoso plus que Google brinda a sus empleados, para que éstos sientan que están respaldados en un amplio espectro de sus pretensiones, con la finalidad de alcanzar así la excelencia productiva. A pesar de ello, los “talentos” se van, no porque sean desagradecidos o consideren que sus “apetitos de confort laboral” no están saciados. Simplemente se marchan en pos del proyecto personal que vienen llevando a cabo. Concretamente, es el ser humano el que decide y hace uso de “su” libertad, toda vez que lo considere adecuado o prudente. Y frente a ello, “no hay retención que valga”.

¡El portador de Tu Marca Personal es muy consecuente con su proyecto y la vocación asumida para hacerlo realidad, motivo por el cual no está dispuesto a resignarlo por dinero al “mejor postor”!

José Podestá

Trabajo en Riesgo Relativo

12 marzo 2017 ·

Es evidente que a mediano plazo las tareas repetitivas –aquellas que son rutinarias, más allá de su complejidad y el área de realización– se verán paulatinamente reemplazadas por los robots. Si bien la automatización comenzó a darse fundamentalmente en las plantas industriales –con gran suceso en las líneas de fabricación– también se viene expandiendo no sólo en el ámbito administrativo, comercial, servicios y profesional, sino hasta en las tareas del hogar.

A todos nos puede afectar

A partir del respectivo proyecto laboral y profesional de mediano o largo plazo, la persona deberá comenzar a tener en cuenta cuáles son aquellas actividades que requerirán poco valor y esfuerzo futuro en su realización. Si bien inicialmente las podrá llevar a cabo –siempre y cuando no le generen distracción o demora en el logro de las etapas del proyecto personal– hoy es muy conveniente que vaya previendo en qué medida éstas podrán ser absorbidas por la automatización. Por tanto, de ahora en más es conveniente tener al menos  en cuenta lo siguiente:

- En qué grado mi carrera laboral y profesional está en peligro de desaparecer o de verse seriamente limitada.

Determinadas actividades llevadas a cabo por los contadores, abogados, médicos, traductor, gerentes, periodistas, repositores, cajeros, etc., estarán cada vez más expuestas a ser “compartidas” por los robots.

Inicialmente esta situación podrá pasar bastante desapercibida por la mayoría, justamente porque la misma estará “limitada” a lo meramente rutinario y de poco valor. Pero cuando ello ocurra se deberá estar muy atento a lo que pudiera sobrevenir; de ello aprendieron aquellas personas que en zonas de inundación estuvieron en algún momento expuestas a la estresante preocupación de ver cómo el agua ya había llegado hasta debajo de la puerta de entrada sus casas.

En forma paralela surgirán también aplicaciones de extrema precisión y sofisticación que no necesariamente reemplazarán al profesional, pero sí que podrán ser consideradas como un aliado muy importante. Tal el caso de los robots que ya “actúan” en el campo de la cirugía, incluso en las de alta complejidad, permitiendo al profesional ser el “coordinador y tutor” de su desempeño. Aquí la automatización no resta, sino que suma.

- Cómo afectará en mi vocación.

Todos tenemos una misión en la vida y en función de ello asumimos aquella vocación que nos permita llevarla a cabo con solvencia y dedicación. Al respecto y teniendo en cuenta el desarrollo exponencial de las nuevas tecnologías aplicadas en múltiples áreas, no resulta improbable que ocurran casos en donde la persona sienta que su vocación corre el peligro de pasar a “otras manos”.

Para nada significa que por tal circunstancia se deba vivir en un nivel de incertidumbre y ansiedad, sino en estar más atentos a la evolución del cambio. Si bien podrá ocurrir que un robot se convierta, por ejemplo, en un eximio pianista o violinista, no por ello tendrá garantizado el éxito, ¿Por qué? Porque las máquinas carecen de “vida anímica, expresividad y corazón”, con lo cual el músico que con pasión ama su vocación no por ello se dejará amedrentar con un sub-producto de la tecnología. Por suerte el “original” siempre seguirá teniendo mayor valor que la copia; esto vale también en el Personal Branding.

Más que competidor, un aliado

Así como el ser humano inventó la rueda, la pala e infinidad de herramientas y procesos, también ha hecho posible el “nacimiento” del robot. Y me parece muy importante que en esta primera ola de su aplicación, el robot pase a realizar aquellas tareas de rutina que “liberen” al ser humano, permitiéndole concentrarse en las cosas que son de mayor relevancia y necesidad.

Quizás algunos de ustedes recuerden las imágenes de “Carlitos” –Charles Chaplin– en su película Tiempos Modernos. La sátira que él personificó en la línea de fabricación tenía un sentido político, moral y social muy fuerte en su época –año 1936. Pero sirvió y fue un “llamado de atención” sobre las consecuencias nefastas que llevó al obrero fabril a ser reducido a un simple “robot” de carne y hueso. Al respecto, considero que este es un buen ejemplo a ser tenido muy en cuenta –especialmente por los dirigentes y empresarios– con relación a la irrupción de la robótica en el ámbito laboral y profesional. Al mismo tiempo, vale para hacernos esta reflexión: ¿Cuántos seres humanos en pleno siglo XXI aún “trabajan” haciendo cosas que no son relevantes, pero sí alienantes, a cambio de un salario?

La robótica no debiera ser un impedimento para la evolución y el desarrollo del ser humano, más allá de las consecuencias nefastas o mezquinas que algunos piensen o crean que lograrán capitalizar, reduciendo puestos de trabajos y ahorrándose con ello el pago de salarios y cargas sociales. Sobre el particular hay experiencia de hasta dónde puede llegar la hipocresía humana, motivo por el cual la misma sociedad será la encargada de producir los reactivos necesarios para su neutralización.

En cambio, lo que sí se impone es llegar a capitalizar la presencia de la automatización en el ámbito personal y profesional para sacar partido de ello y tener al “asistente robot” como un aliado eficiente e incondicional.

¡El portador de Tu Marca Personal, llegado el momento, sabrá direccionar y “gestionar” a la robótica de tal manera que le permita, en su trabajo y profesional, poder disponer de un mayor tiempo en su proyecto y en especial para los destinatarios de su vocación!

José Podestá

El Pensar Activo

05 marzo 2017 ·

Con el avance de la ciencia en general y de la neurociencia en particular, se está logrando un sólido posicionamiento del cerebro para la comprensión de un sinnúmero de funciones en el cuerpo humano: ¡Enhorabuena!

Sin embargo, no deja de ser un “misterio” el rol que tiene la función del pensar, no sólo por su complejidad intrínseca, sino también porque no tiene nada que ver con lo orgánico en sí; no es la materia la que piensa. Así como suele decirse que las compañías vinculadas directamente con la sociedad de la información –Microsoft, Google, YouTube, Facebook, Twitter,...– prácticamente nada tienen que ver con lo tangible, lo mismo ocurre con las ideas, la creatividad y por supuesto, el pensar. Al respecto, los directores creativos publicitarios suelen decir que pertenecen a la “industria del aire”, más allá que luego veamos o escuchemos el resultado creativo expresado en los spots publicitarios.

El sesgo intelectual

Hasta el siglo IV de nuestra era –el punto de inflexión fue en el año 333– prevalecía la conciencia que establecía que el pensamiento humano no es elaborado por el cerebro, sino mediante una revelación, ya sea que el individuo la recibiera directamente o indirectamente a través de otras personas, con base en la confianza. Por tanto, no existía la “idea terminante” que hoy domina por igual a académicos y no académicos, acerca que los pensamientos son algo que uno mismo elabora en el propio cerebro.

¿Y por qué es así? Porque al ser humano lo instan “a creer” que la ciencia es la que va brindando las respuestas lógicas, objetivas, en su devenir. ¿Ustedes están de acuerdo con ello? ¿La ciencia, por basarse exclusivamente en lo “evidente” y “lógico”, nunca se equivoca? Si fuéramos sinceros con uno mismo, no lo afirmaríamos rotundamente. Más aún, frente a una enfermedad específica no es la primera vez que un médico “honesto” reconozca que la ciencia llegó hasta aquí, y deje en libertad de acción al paciente para que éste, luego de consultar a terceras personas –a la medicina alternativa o incluso a un chamán– alcance la sanación definitiva.

¿Esto que nos aclara? Que la ciencia material, al quedarse muchas veces “enredada” en sus propios principios, termina demostrando a todos aquellos que avanzan por otros caminos, que tampoco están errados en su pensar y hacer. Lo que ocurre es que la lógica de los científicos y su intelectualismo riguroso los lleva, muchas veces, a terminar “presos de su propio cerebro”, al que lo fueron alimentando y “condicionando” con sus “razones lógicas”.

Con esto para nada estoy subestimando a la ciencia. Al contrario, es fundamental y necesaria para la humanidad. Lo que ocurre es que a raíz del sesgo racional instalado en Occidente a partir del siglo XV y exacerbado por la ciencia en los últimos dos siglos, se ha venido profundizando en la mayoría de las personas el “pensar pasivo”, es decir, meramente “intelectual”.

Si nos remitimos al ámbito de las organizaciones, éstas siempre han valorado tener en sus dotaciones empleados “lógicos”, omitiendo al “creativo” para así no tener que correr “riesgos innecesarios” provenientes de aquellas personas que luego se las pasan haciendo cuestionamientos generales, y lo que es peor, llegando a producir una eventual disrupción con respecto a las normas “lógicas” y predecibles vigentes.

Sin embargo, esa cultura de orden racional e intelectual –referido en este caso a todo aquello que es fruto de la mente, del cerebro físico– no es lo que esperan ni necesitan las organizaciones que vienen marcando tendencias y nuevos rumbos en la sociedad. ¿Se imaginan que empresas innovadoras como Amazon, Google, Nike, Netflix, Apple,… puedan hacer lo que hacen con personas que piensan con “la mente”?

Entonces, el desafío para todos aquellos que hasta ahora se jactan de ser “cerebrales”, lógicos y previsibles, es evolucionar del pensar pasivo e intelectual al pensar activo. Para ello, es necesario movilizar el pensar ingresando en el proceso del pensamiento. ¿Cómo? Migrando del pensamiento cerebral y necrótico –en el que el corazón no participa– hacia el pensar activo que está latente en nuestro interior. Concretamente, en nuestra alma, que por ser “intangible” e imposible de poder ser “domada”, disciplinada y sometida a un riguroso proceso lógico-racional, decididamente la ciencia no la tiene en cuenta; más aún, la ignora.

Pareciera ser que la ciencia se olvidó que la organización del ser humano es tripartita: cuerpo físico, alma y espíritu. De allí que todo lo resuma a lo “seguro”, “lógico” y “tangible”, es decir, a la corporeidad física, que en definitiva es sólo una parcela de nuestra integridad. Es por ello que la ciencia se sienta “muy bien” al decirnos que el pensar está en el cerebro físico. Quizás mañana también nos diga que una “corazonada” es una función cerebral.

Si desean un ejemplo contundente del pensar activo, espontáneo, no cerebral y elemental, lo encontrarán en los niños, antes de su ingreso a la escuela primaria. Lamentablemente ésta luego los “castrará” en su pensar creativo, vital y activo, para adormecerlos mediante la imposición sistemática de conceptos intelectualistas muertos. Recién cuando se alcanza la maduración psíquica que permita incorporar ciertas verdades, para cuya adquisición se requiere el juicio logrado por el pensar activo –cosa que ocurre entre los dieciocho y diecinueve años– es cuando la persona podrá internalizarlas y saberlas. De allí que en materia pedagógica se cometan también grandes errores por la acumulación de toda clase de “objetividades” –desligadas de la personalidad del maestro– y por enfatizar la uniformidad de los planes de enseñanza que no sólo apuntan a generar alumnos promedios, sino también porque están divorciados de la madurez psicológica y del momento biográfico del alumno.

Entonces, de lo que se trata es poder darnos cuenta de:

- Cuán limitado estoy en mí pensar activo para poder brindar las respuestas adecuadas en el hacer.

- La primera riqueza que adquiere nuestra alma está compuesta de conceptos intelectuales, de abstracciones. Hoy hasta el campesino es un adicto a la abstracción.

- El cerebro nunca otorgará validez –al igual que la ciencia– a todos aquellos impulsos que sean conducentes al pensar activo. ¿Por qué? Porque el cerebro sólo se halla organizado para captar tan sólo al hombre físico. Además, todo lo que nos llega del mundo exterior se embotella en el cerebro y no influye en el hombre integral.

- El intelecto no establece una relación objetiva con el mundo, porque es simplemente la persistencia automática del pensar pasivo. Además, la intelectualidad ya rebasó nuestro cerebro; nos dejamos guiar únicamente por conceptos, no por impulsos humanos. Por tanto, tenemos que sacarnos de encima las “ideas muertas”.

- Fijarme un plan de acción para el cambio. Esto demandará aplicar una voluntad vigorosa, con una fuerte intervención emotiva; nosotros felizmente necesitamos también escuchar al corazón, cosa de la que están exentos los robots.

¡El portador de Tu Marca Personal, especialmente si es un profesional universitario, deberá rescatar de su interioridad el pensar activo para plasmarlo en su vocación y en todo aquello que mejor sabe hacer en beneficio de sus prójimos!

José Podestá

Empleabilidad Privada, Social o Pública

26 febrero 2017 ·

Todos sabemos que existen distintas opciones u oportunidades para generar un ingreso que le permita a uno llevar adelante su misión y vocación en la vida. Si nos concentramos en el trabajo en relación de dependencia, la oferta básicamente se da en el sector privado, social-comunitario y público.

Cada una de estas alternativas tiene lo suyo, motivo por el cual no tiene mucho sentido destacar la preeminencia de alguna de ellas sobre la otra. En cambio sí importa para el proyecto personal, para no terminar errando en la elección o llegar a “sucumbir” ante el nivel de remuneración que muchas veces se ofrece para “tentar” algún interés particular.

Así como es de suma importancia en el Personal Branding partir del proyecto laboral-profesional centrado en la vocación, lo mismo vale para todos aquellos que desean u optan “ganarse la vida” a través de un trabajo-empleo en relación de dependencia Al respeto, cuando en mi caso personal decidí que iba a ser “estratégico” el poder desempeñarme en compañías globales, establecí desde el vamos en qué tipo de industria no me interesaba trabajar: básicamente, aquellas genéricamente vinculadas con el dinero, el alcohol y el tabaco. Si bien en determinados momentos algunas de estas industrias que valoraban mi perfil me hicieron llegar sus intenciones, ni la paga como así tampoco las excelentes propuestas de contratación lograron modificar mi posición.

No pretendo aquí ponerme como ejemplo en lo que acabo de relatar. Simplemente lo menciono porque en la vida suele ocurrir que en algún momento inesperado uno pueda llegar a ser “tentado” con algún ofrecimiento súper atractivo. En la medida que ello no se interponga con la misión y la vocación personal, estará en cada uno ejercer su libertad de elección. Ahora bien, si uno se “tienta” y cede a ese tipo de propuesta, pero en su interior siente que con ello está malogrando el objetivo de su vida, puede llegar a ocurrir dos cosas:

- Que desista y retorne al proyecto personal.

- Que se enferme, debido a la resistencia que comienza a darse a nivel inconsciente.

Tampoco el nivel de salario debiera hacernos perder el norte. Seguramente que ustedes conocen personas que lo han hecho y que no a todos les ha ido demasiado bien con el cambio. Recuerdo el caso de un experimentado jugador de fútbol que, por su trayectoria y habilidad en el campo de juego, fue contratado en China con un salario “envidiable”, fuera de lo común. Sin embargo, a los tres meses ya estaba “arrepentido” y comenzó a sentirse anímicamente mal porque no podía “adaptarse” al entorno ni a la cultura.

Tres opciones de valor

Se trate del ámbito privado, social-comunitario o público, la oportunidad y la capitalización de la decisión siempre será una consecuencia del obrar de la persona. ¿Por qué? Porque a diferencia del ayer –cuando las organizaciones detentaban el poder y establecían rigurosamente las reglas del juego– en el hoy la realidad es totalmente distinta; se espera que la persona aporte valor en lo que sabe hacer y que, además, esté motivada para ser parte de un equipo heterogéneo que sume los mejores resultados a las soluciones esperadas.

No haré mención alguna acerca del rol característico de la organización privada, porque considero que es la más conocida por ustedes. Por tanto me concentraré en las otras dos restantes.

- Acerca del área pública, muchos tienen una percepción que la vincula con lo meramente burocrático, rutinario e improductivo. Más aún, hasta lo relacionan con entornos estéticamente lúgubres y deprimentes. Sin embargo ya no es tan así, no sólo porque los tiempos han cambiado, sino porque las nuevas generaciones consideran al entorno público como una alternativa muy válida para su proyecto personal.

- Respecto a lo social-comunitario, quizás es la que mayor futuro presenta. Cada vez más surgen ONG´s que se concentran en la solución de problemáticas que, por distintos motivos, no son atendidas desde la función pública. Aquí también es interesante ver el compromiso que vienen asumiendo las nuevas generaciones, motivadas por un impulso que instale al prójimo en el centro de la gestión; así como viene creciendo la presencia de “emprendedores” en el ámbito de los negocios, también se da en todos aquellos que sienten que lo suyo transita por lo social.

Personal Branding ampliado

 En la medida que cada uno canalice su vocación en aquella actividad-trabajo con eje en su misión, estará en condiciones de construir y desarrollar en el tiempo su Personal Branding Pero cuidado, porque la “marca” no parte del tipo de organización ni del puesto-cargo en cuestión, sino del estilo-compromiso y valor que cada persona pone diariamente en lo suyo.

Esa marca es la que luego terminará acompañando a la persona toda vez que decida partir hacia un nuevo desafío, tal como si fueran hitos sucesivos que va plasmando en pos de su proyecto y misión.

¡El portador de Tu Marca Personal está “en función de” aquel entorno y actividad que supo elegir para plasmar su vocación, para poder desde allí aportar lo mejor para beneficio de sus prójimos y de la sociedad!

José Podestá

La Empatía Multiplica

19 febrero 2017 ·

La mayoría de nosotros seguramente hemos escuchado, en más de una oportunidad, que el hombre es un ser social. También sabemos –o nos imaginamos– que aquél que desea vivir en soledad en una isla, termina autolimitándose como persona y por lo tanto se empobrece.

También es un dato de la realidad que la gran mayoría sueña, desea o aspira alcanzar en la vida un nivel social y económico superlativo. Por supuesto que en ello no hay nada de malo, salvo que por tal motivación la persona en cuestión termine centrando sus ingresos como “la” prioridad. ¿Qué nos dice la investigación al respecto? Que una vez superado el nivel básico de comodidad y seguridad, los aumentos posteriores de riqueza y de consumo impactan cada vez menos en la sensación de felicidad, hasta que llega un punto en donde ésta empieza a retroceder y la persona se siente cada vez menos feliz.

Como reflexión de lo mencionado vale entonces hacerse las siguientes preguntas:

- ¿Para eso vine al mundo?

- ¿Tiene sentido dejar como legado una imagen de Personal Branding centrada en lo material?

Otro dato de la realidad nos anticipa que los materialistas tienden más a la posesividad y menos a la generosidad y la confianza, no sólo por dinero. También les cuesta más refrenar sus impulsos y suelen ser más agresivos con sus prójimos.

A pesar de ello, la acumulación de riqueza se ha convertido en una ambición aspiracional que luego se torna en un lastre para esas personas “afortunadas”, y el consumo se ha transformado en una adicción. El resultado de ello es que las posesiones acaban poseyendo a quien las posee; algo parecido es la dependencia “exitosa” que ha conquistado el celular sobre el ser humano, “atrapándole” la mano y condicionando su vida en torno de él.

Lo tóxico en acción

Sin darnos cuenta el sistema económico vigente y el materialismo que lo sostiene ha venido despojando al individuo del principal impulso que motiva a la especie: nuestra naturaleza empática.

Los estudios actuales, con el aporte de biólogos y neurocientíficos, señalan que la naturaleza del ser humano –que desde los griegos nos recuerdan el imperativo social– no es como se nos ha dicho durante siglos. En los inicios de la Edad Moderna, los filósofos de la ilustración caracterizaron la naturaleza humana de racional, egoísta, materialista, utilitaria –hoy diríamos, “tóxica”– e impulsada por la necesidad de la autonomía, atributos que nos predisponen a acumular posesiones y aislarnos de los demás. Sin embargo, otros estudios recientes demuestran todo lo contrario: ¡El ser humano es la especie social que existe y anhela la compañía y la inclusión social! Lo que luego ocurre, lamentablemente, es que esta predisposición es anulada, en gran parte, por la cultura imperante.

En consecuencia, debemos saberlo y estar preparados para que dichos “impulsos” no nos aparten de nuestra misión y vocación en la vida. ¿En qué medida? Básicamente teniendo en cuenta que:

- La sociedad actual ya no se divide únicamente en función de “lo mío y lo tuyo”.

- El valor de las personas no está determinado por lo que poseen, sino por sus habilidades, talentos y empatía.

El otro valor

Sentir empatía es alentar al otro a florecer y a expresar todo su potencial durante su misión en la Tierra. ¿Esto qué significa? Es reconocer que la vida del otro –mi prójimo– es tan única e irrepetible como la mía y que la vida es imperfecta, frágil y difícil, tanto para nosotros como para el ciervo en el bosque.

En la medida que la practiquemos, la empatía se puede expandir horizontalmente con la misma rapidez de las redes globales. Si estamos atentos a las nuevas generaciones, vamos a comenzar a percibir que, de un modo intuitivo, los jóvenes “vienen” más predispuestos para hacer viable la expansión del impulso empático en una civilización que ya se está despegando de las “reglas de oro” que sustentó el capitalismo en los últimos siglos, como ser:

- Que la propiedad es la medida del ser humano y representa a los productos y servicios como si éstos fueran esenciales para la creación de la “identidad” de una persona en el mundo.

- Que la propiedad es una “extensión de la personalidad”, cuando en realidad lo que hizo fue orientar a cada generación hacia la posesión de más bienes.

Para aquellos que aplican o replican los principios del marketing en la gestación de un Personal Branding sólido y exitoso, se lo deberán replantear porque incluso hoy tampoco “funcionan” las reglas de oro que ayer garantizaban el lanzamiento y posicionamiento de los productos y servicios.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe que necesita cada vez más interactuar y “colaborar” con sus prójimos, haciendo de la empatía su mejor aliado!

José Podestá

Cambio de Reglas y Precariedad

12 febrero 2017 ·

Así como en el ayer era considerado “normal” el poder acceder a un empleo una vez finalizado los estudios secundarios, terciarios o universitarios, hoy ya no lo es. El mundo, la sociedad y las organizaciones han dejado de ser lo que fueron. No necesariamente por un impulso de evolución y mejora, sino por el resquebrajamiento estructural de sus principios en donde el cortoplacismo y las carencias éticas y morales vienen haciendo lo suyo.

Precarios somos casi todos

Cuando uno se informa de la existencia de una oferta laboral precaria, ésta se define e identifica con la carencia de las prestaciones y condiciones básicas formales de contratación, como ser:

- Salario inferior a la tarea asignada.

- Informalidad en materia de aportes previsionales y asignaciones familiares.

-  Horario mayor al establecido.

- Mayor carga laboral de la prevista; generalmente tiene que ver con el “hacer” o el “cubrir” las tareas de otros puestos vacantes, sin el correspondiente plus salarial.

Otro dato no menor del precariado actual es que incluye a personas de todas las clases sociales. Tal como lo manifestaba el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman, “todos nosotros o al menos el noventa y nueve por ciento, somos ahora precarios”.

Lo son también quienes están en situación de desempleo, los que temen que sus trabajos no sobrevivan a la segunda ronda de recortes o “reestructuraciones”, lo son los universitarios que buscan en vano un trabajo acorde con sus destrezas y ambiciones, los empleados que tiemblan ante la idea de perder sus hogares y los ahorros de toda la vida en el próximo colapso bursátil o de gestión corrupta de su gobierno, y los infinitos “otros” que tienen sobradas razones para no confiar en la seguridad del lugar que ocupan en la sociedad.

Cada vez más ciudadanos toman consciencia que en nuestra era de tecnología “disfrazada” de democracia, los liberales traicionan a un ser humano cada vez que lo tratan en términos de fuerza de trabajo, como unidad estadística o simplemente como parte de una mayoría del electorado. Las administraciones “populistas”, por su parte, dicen ocuparse de la clase media y fundamentalmente de los pobres y marginados, pero luego los datos que sobrevienen cuando llegan al final de su gobierno, muestran la profundización del precariado en contraposición a los delitos de corrupción incurridos por aquellos que decían “trabajar” para los más pobres.

No necesariamente todo esto significa un exacerbado aumento de la hipocresía y del individualismo en los funcionarios, políticos, empresarios, comerciantes y de la sociedad en su conjunto, porque ello existió siempre y acompañó al ser humano en su devenir. Hoy se evidencia así porque, además, existe un agotamiento del sistema económico que ha puesto todas sus fichas en “fogonear” el consumismo a raíz de la desmedida sobreoferta de productos y servicios existente.

Entonces, qué hacemos

No se trata simplemente de tomar las calles como una forma de protesta –en realidad de huida– a lo que no les gustaría seguir haciendo, sin tener en claro lo que “hay que hacer”, pero con la esperanza de encontrar una sociedad “alternativa”.

Así como el clásico modelo organizacional y empresario está agotado –de allí las permanentes reestructuraciones y “expulsiones” de trabajadores– existen un sin fin de nuevas oportunidades laborales y profesionales derivadas de la visión y creatividad que las nuevas generaciones están imprimiendo en sus propios emprendimientos, no sólo comerciales sino también sociales. Por supuesto que ello demanda un mayor esfuerzo y dedicación que el trabajo en la oficina, pero se trata de un nuevo impulso que sí está más en línea con los tiempos actuales.

Cada vez son más los que se animan al “hazlo tu mismo”, partiendo de un comportamiento en el cual no está ausente la nueva responsabilidad moral y social que incluye, además, a sus prójimos.  Estos nuevos emprendedores –futuros portadores del Personal Branding– son conscientes de encontrarse en un mundo equivocado, que ha perdido el norte. De allí que se “concentran” por hacer algo distinto y superlativo, que los aleje del modelo que cada vez más lo sienten como algo “tóxico”, que no les pertenece y ni tiene cabida en su nueva concepción del mundo.

Si bien algunas personas piensan o “sueñan” en la posibilidad de una “isla” para salirse del sistema, no es el caso del cambio de reglas que se viene perfilando, a partir de la solución que están llevando a cabo los nuevos “constructores” que aspiran a una sociedad más justa y equitativa para todos. De allí que tampoco están centrados en el cortoplacismo característico del presente modelo agotado. ¿Por qué? Porque no hace al sentido de sus convicciones ni del compromiso asumido.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe que tiene una misión de vida que cumplir, que lo predispone e incentiva para que lo suyo tenga el valor y el sentido esperado por la sociedad!

José Podestá

 

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