Profesiones Múltiples

24 septiembre 2017 ·

Así como de una misma marca comercial pueden desprenderse distintos productos o servicios, cada uno de ellos con sus respectivas características y prestaciones, lo mismo puede llegar a suceder con el ser humano. En el caso de las personas, lo estoy refiriendo como una eventualidad, porque no son mayoría los individuos que desarrollan múltiples actividades o más de una profesión en forma simultánea.

En el caso de la compañía cuya identidad corporativa y comercial está bajo el amparo de una sola marca –tal el caso de Samsung, Nike, Pepsi– saben perfectamente del riesgo estratégico al que se exponen. Del ser humano no podemos decirlo de un modo contundente, porque no todos están pendientes de ello. No obstante, en ambos casos son portadores de la identidad que los acompañará a través del tiempo.

El porqué de dos profesiones

A lo largo de la historia e incluso en la actualidad, una persona puede perfectamente llevar a cabo más de una profesión. Como ejemplo me referiré a un caso muy distante en el tiempo, pero no por ello menos interesante: Jakob Böhme [1575-1624] quien fuera un importante místico y teósofo luterano alemán, que también trabajó como zapatero. Lo he elegido justamente porque coinciden en él dos profesiones que, en sí mismas, están en sus respectivas antípodas.

Lo primero que aquí uno se pregunta es cómo pueden convivir ambos trabajos. ¿Por qué? Porque uno de ellos –hacer y arreglar zapatos– es prácticamente de resolución práctica, cotidiana, mientras que lo filosófico-espiritual nos remite a un impulso que, seguramente, ya estaba “anclado” en el ADN de su yo espiritual.

Esto nos lleva entonces a pensar que en la vocación del ser humano pueden convivir “impulsos” que se constituyen tanto en una respuesta-profesión funcional a la época en que nos toca vivir –por ejemplo, ser “gerente de Internet de las Cosas”– y además llevar a cabo “otra” profesión vinculada, por ejemplo, con el quehacer humanitario.

Sin embargo y quizás por desconocimiento del orientador vocacional, éste por lo general suele ocuparse por facilitar elementos para que su “cliente” pueda llegar a decidir o eventualmente “optar”, por aquella actividad-profesión que sienta es con la que más se identifica, además de las eventuales buenas perspectivas que pudiera tener para una pronta salida laboral. Por tanto, este tipo de orientación remite a una solución práctica para el “cliente”, pero no por ello signifique que necesariamente tenga una relación-vínculo con la razón-motivo de la misión a la cual está llamado o por la cual vino al plantea Tierra.

Por supuesto que uno no puede obviar la necesidad de trabajar no solamente para poder vivir, sino también para poder brindar un sustento responsable a su familia. Esta prioridad es, justamente, la que mayoritariamente todos tenemos en cuenta –como Jakob Böhme la tuvo en su rol de zapatero. Pero también existe la “otra” profesión o trabajo que hace a nuestra misión y que muchas veces, por su desconocimiento, muchos no logran o llegan a ponerla en práctica; seguramente que les quedará como una asignatura pendiente para un futuro mediato.

La profesión única, también vale

Pero también son muchos los seres humanos que, incluso desde pequeños, tienen muy en claro cuál es su misión en la vida y por ello se muestran muy expectantes en poderla llevar a cabo. De esta forma logran asignar toda su energía en aquello que sienten es su razón y destino existencial.

Al emanar este impulso desde la interioridad de la persona e independientemente de no “vivenciarlo” como un punto de partida –como era el caso del “gerente de Internet de las Cosas”– estas personas lo logran conformar en la práctica como “la” vocación que sustenta el trabajo-profesión a llevarse a cabo. ¿Esto qué significa? Que con la profesión y su práctica van no sólo creando todo aquello que los alegra y gratifica, sino también aquello que se desarrolla sin que la persona tenga una injerencia en ello, es decir, los valores presentes y futuros que por su desempeño han comenzado a “germinar” en la sociedad.

Así, sin darnos cuenta, el ser humano común realiza el trabajo más insignificante de su profesión, pero también aquello que pareciera la cúspide o culminación de un trabajo. Por su forma, compromiso y dedicación, irá proyectando a través del tiempo su identidad personal en la aceptación, la valoración y el reconocimiento de sus semejantes, mientras su Personal Branding permanece amalgamado en las “obras” de su misión.

Si bien la culminación de un trabajo es un final, los trabajos “insignificantes” son siempre un comienzo. Porque todo importa, hasta el ser un buen zapatero.

¡El portador de Tu Marca Personal va doblemente enhebrando en el hoy todo aquello que no sólo es una solución concreta, sino aquello que en algún momento también lo trascenderá!

José Podestá  

El Sentido de Preguntarse

17 septiembre 2017 ·

Así como de niño nuestros padres solían preguntarnos qué te gustaría ser el día de mañana, ya de adolescente uno no tenía otra alternativa que preguntarse qué debo hacer de ahora en más, en la medida que la vocación no hubiese aflorado aún.

Cuestión filosófica y existencial

El filósofo sabe que lo suyo es un preguntar continuo, no sólo en lo personal y existencial, sino en los temas centrales de su quehacer profesional. En tal sentido, se dice que la filosofía es un camino de abordaje y reflexión que busca respuestas a preguntas que tienen que ver con la vida, la verdad, la belleza, la moral y de todo aquello que nos ocupa y vincula con el saber y las cosas.

Aunque no seamos un filósofo profesional, no deberíamos olvidar la capacidad de formular preguntas. En el hoy tan cambiante y veloz en el que convivimos e interactuamos, no se trata de optar por hacer y seguir a la corriente en piloto automático, sino de autopreservarnos con aquellas preguntas básicas que nos permitan saber si no estamos perdiendo el rumbo o quizás el sentido de nuestra vida.

Para ello se necesita estar bien parados, con los dos pies sobre la Tierra. Esto presupone o nos demanda tener que saber sobre sí mismo –el infaltable “quién soy yo”– que no siempre lo tenemos en claro o porque directamente ni se nos ocurrió pensarlo. Sin embargo, esta pregunta es básica, primaria, porque nos remite a nuestro punto de partida existencial, a partir del cual vendrá todo lo demás. Pero cuidado, porque:

- No se trata de preguntarse y responder sólo para un momento en particular –tal como se lo requiere a todos aquellos que se interesan por el Personal Branding– sino que debemos hacerlo también con relativa frecuencia, mediante una especie de “sintonía fina” que nos conecte con nuestra misión en la vida. Con ello incluso podríamos ir despertando las fuerzas volitivas aún dormidas.

- No podemos “tercerizar” la respuesta. El psicólogo no la tiene, tampoco el filósofo ni mucho menos la neurociencia. Aquí estamos “solos” frente a la respuesta que anida en el ADN de nuestro ser interior, motivo por el cual tenemos que darle la oportunidad de “manifestarla” o bien ponernos en una sincera “actitud de escucha” con el Yo, no el de nuestro ego y personalidad, sino el espiritual. De paso, nos estamos autoexigiendo un máximo de claridad de conciencia.

El filósofo alemán Richard David Precht, autor del libro “Quién Soy Yo… y Cuántos”, nos ayuda a “pensar” en el tema, aunque ya nos advierte de entrada que el saber sobre sí mismo dejó de ser esencialmente una pregunta filosófica para pasar a ser, hoy en día, un tema  propio de la neurociencia, dado su afán de querer explicar los fundamentos de nuestro órgano de conocimiento y sus posibilidades cognitivas. Y aquí subyace uno de los errores más frecuentes de la ciencia natural, que todo lo pretende medir, cuantificar, para luego pasarlo por el tamiz de la lógica y de la razón, cuando la pregunta “quién soy yo” es, en realidad, algo que para nada tiene que ver con lo orgánico –el cerebro– sino con lo intangible –lo anímico espiritual.

Al respecto, si en algún momento ustedes quieren poner “nervioso” a un científico, háganle saber que la decisión que han tomado ha sido “fruto de una corazonada”. Justamente porque es a través del calor de nuestro organismo y no del frío de nuestra mente, cuando predisponemos a nuestro ser interior para que nos “hable e ilumine”.

Con ello para nada estoy subestimando el valor ni el aporte que la ciencia tiene y viene brindando a la humanidad; negarlo es un sinsentido. Simplemente lo que intento es advertir que para determinadas cuestiones –como las que tienen que ver con nuestra existencia y su razón de ser en la Tierra– las respuestas no las vamos a encontrar en la ciencia natural, sino en nuestra interioridad. De allí que el pensar filosófico, tal como lo menciona Richard Precht, desempeña el papel de un consejero, justamente porque no se puede establecer desde afuera, desde el mundo exterior, lo que subyace en la existencia de cada uno de nosotros.

Las promesas externas

Es tal el avance de la oferta de propuestas y soluciones que deambulan en el mundo exterior que muchas veces, en lugar de ayudarnos a discernir, nos atrapan, sorprenden y condicionan. De allí la necesidad, nuevamente, de ejercitar nuestra capacidad de formular preguntas para no terminar “optando” por una diagonal que al poco tiempo de estar transitando por ella comenzamos a disgustarnos, no sólo con uno mismo, sino también con los demás.

El procedimiento, entonces, es partir al revés. Es decir, no descartar en absoluto aquello que el contexto hoy te brinda, en la medida que sea relevante para tu proyecto personal, tanto en lo laboral como profesional. Todo aquello que resulte ser funcional y complementario a la misión y vocación personal, no dejan de ser también “dones” que se encuentran a tu disposición para capitalizarlos y desarrollarlos.

En consecuencia, en la medida que tengas las respuestas al qué y el para qué haré uso de las soluciones que te brinda el cambio continuo, seguramente que no terminarán alterando significativamente tu proyecto personal. Más aún, quizás hasta puedas llegar a descubrir que llegó el momento de sumar también a otras personas, para que “juntos” puedas potenciar lo realizado hasta el presente y capitalices, porqué no, un nuevo impulso revitalizador.

¡El portador de Tu Marca Personal es un ser que está muy predispuesto a la escucha de su “consejero interior”, al tiempo que va brindando soluciones a todas aquellas preguntas que sabe no debe dejar de responder!

 José Podestá

El Personal Branding Eficaz

10 septiembre 2017 ·

Quizás por tratarse de una creencia o ilusión generalizada, muchas personas intuyen que el Personal Branding se crea y trasciende rápidamente, especialmente en los tiempos actuales de las redes sociales. Sin embargo y aunque lo consideremos de nuestro agrado, no es necesariamente así.

Si bien nos identificamos a través de nuestro nombre y apellido –substrato del Personal Branding– en la práctica no llegamos a ser habitualmente reconocidos más allá de nuestro círculo de relación. Esto entonces explica que hay algo que nos está faltando para que nuestra identidad se expanda, más allá de las fronteras habituales.

Contenido y resultados

Seguramente que ustedes tienen sus preferencias y valoración por algunas marcas de productos y servicios, como así también de personas que tienen o han tenido un desempeño y contribución social dignos de apreciación.

Entonces, desde el vamos, reconocemos que la trascendencia personal demanda un tiempo prudencial de gestación, desarrollo y posterior difusión; aquí tanto la “generación espontánea” como el “milagro” poco y nada tienen que hacer.

Esto mismo vale también para las marcas líderes en los mercados de consumo, las obras de arte, la literatura, etc. Sin embargo, es de resolución “más rápida” en el caso de las “celebridades”. Pero cuidado, porque se depende aquí de determinadas circunstancias y muchas veces también, del interés comercial o de oportunidad que se manipulan desde atrás, por la exposición mediática, etc.

En consecuencia y para no fracasar en el intento, deberíamos tener en cuenta lo siguiente:

- En primer lugar contar con un proyecto o plan de carrera laboral-profesional, “anclado” en aquella vocación que realmente tenga sentido a tu misión en la vida. Esto es vital tanto para estar bien ubicado en la línea de partida, como para el posicionamiento y el desarrollo del Personal Branding.

- En segundo lugar, dotar de contenido a tu tarea. Todos tenemos alguna habilidad o talento que nos diferencia de nuestros prójimos, para plasmarlos en el estilo y la forma de cómo hacemos lo que hacemos.

- En tercer lugar y como consecuencia de los dos anteriores, están los resultados. Esto importa de sobremanera, porque hace a la coronación exitosa o no de tu trabajo-profesión. Así como el refrán popular dice que en la pista se ven los pingos –alude a no sacar conclusiones antes de tiempo acerca de algo que todavía no hemos visto en acción– recién vamos a ser “reconocidos y valorados” cuando los frutos que seamos capaces de ofrendar a nuestros prójimos en particular y a la sociedad en general, tengan para ellos algún significado.

Estos tres pasos “abstractos” que he esbozado para que se pueda llegar a comprender el proceso conducente del Personal Branding, sirven también para darnos cuenta que no se trata de algo “mágico” ni tampoco “marginal”. Simplemente, requiere de un tiempo de “maduración” –como el buen vino– y de responsabilidad social acerca del modo y la forma  en que cada uno sienta cómo debe tomar las riendas de su vida.

Mientras la celebridad necesita estar muy dependiente de su Personal Branding, porque sabe que lo suyo puede durar tanto como una estrella fugaz, aquel que lleva adelante su vocación con pasión y constancia NO necesita ocuparse de su Personal Branding, ni estar para nada dependiente de ello. ¿Por qué? Porque han de ser sus pares, es decir los prójimos y la sociedad misma los que se “ocuparán” de hablar por él, expandiendo o desvalorizando su Personal Branding –con ello su identidad– en función de cómo ha venido realizando sus actividades.

Por supuesto que para nada excluye que esta persona cuente con su propio espacio de visibilidad en la plataforma digital, por tratarse de un medio de comunicación complementario que hoy tenemos todos a mano, para que también se constituya en un aliado y “vocero”, mucho más allá de la localización geográfica en que uno se encuentre establecido.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe que lo suyo debe hacerlo muy bien, para que la “huella” de su quehacer no sólo lo identifique, sino para que también se transforme en inspiración, ayuda y una eventual solución para los demás!

José Podestá

Nuestro Amigo, El Robot

03 septiembre 2017 ·

El avance de la tecnología aplicada a la realización de tareas generales repetitivas es el tema que, de un modo frecuente, se viene debatiendo en los medios de comunicación. Por cierto que se trata de un nuevo paradigma que ya está impactando en las tareas que las personas vienen realizando en distintas áreas e industrias.

Por tratarse de tareas repetitivas que por lo general no demandan de la persona la aplicación de conocimientos especiales, cabe entonces hacernos aquí las siguientes preguntas:

- ¿Vale la pena que uno se pase la vida haciendo algo que no tiene demasiado valor ni reconocimiento?

- ¿Se justifica que hasta el presente algunas actividades repetitivas las siga realizando el ser humano? Y si la respuesta fuese positiva: ¿Se merece que esa persona quede entonces en igualdad de condición al de un robot?

Así como a veces en la vida uno tiene que dar un paso al costado, porque la situación o el trabajo que se viene realizando termina superándonos o llevándonos hasta el umbral de una enfermedad, considero que la futura sustitución de tareas que poco y nada nos aportan en la vida –además del magro salario que por ello se recibe– no debería ser vista como una amenaza apocalíptica, sino como la oportunidad que se nos presenta para cambiar y crecer.

También es bueno tener en claro qué se entiende por robot, porque no refiere ni es sinónimo de herramienta, tal como por ejemplo es el caso de la impresora 3D.

Cuando a principios de la década de 1950 apareció el lavarropas –aliado indiscutido para el lavado repetitivo de prendas en general– nadie salió a la calle o en los medios de comunicación quejándose ni denunciando la presencia de un “intruso” en el hogar, que venía a desmerecer y producir una serie de “cuestionamientos existenciales” al rol que le correspondía al ama de casa.

Décadas más tarde, cuando la industria automotriz comenzó a incorporar sofisticados robots en las líneas de ensamblado –ídem en la industria aerocomercial– los operarios se encontraron con un “aliado” que si bien avanzó sobre algunos puestos tradicionales, también demandó a los obreros el tener que “capacitarse” para pasar a ser los responsables del manejo y la supervisión del “recién llegado”.

El robot aplicado en una operación de corazón o de cerebro no deja de ser un “aliado” imprescindible para los cirujanos que intervienen al paciente, y una tranquilidad para éste también.

Cuestión ética y social

Frente a esta realidad, por supuesto que no se puede dejar al empleado ni al profesional en una condición de abandono o desprotección. Lamentablemente no todos los empresarios entienden lo que implica el aporte e incorporación responsable de la robótica en su justa medida, sino que más bien lo consideran como una “solución maravillosa” para reducir personal, ahorrarse el pago de las cargas sociales y en definitiva, maximizar el nivel de rentabilidad.

De allí que en la medida que se imponga esta visión y actitud mezquina-egoísta, que implica migrar de la gestión de personas a la gestión de robots, los empleados estarán en problemas.

Como muestra de ello me parece muy elocuente y desmoralizante mostrar el punto de vista sustentado por Terry Gou, fundador y consejero delegado de la empresa china Foxconn –fabricante del iPhone de Apple– quien llegó a decir que prefería los robots porque “los seres humanos son animales y dirigir a un millón de animales me da dolor de cabeza”. Quizás esta persona no se dio cuenta de la “animalada” que expresó al referirse tan despectivamente de esa forma a sus prójimos. Como esta es la clase de empresarios irresponsables y con poder que confirman la regla, es fundamental que la sociedad establezca los mecanismos legales pertinentes para neutralizarlos debidamente.

Qué nos dice este ejemplo

Evidentemente al ser humano le cuesta llegar a asumir la libertad de un modo responsable, especialmente cuando le toca ejercer un cargo de máxima autoridad. Entonces, en la medida que ello no suceda, será necesaria la restauración del equilibrio mediante su difusión y el acatamiento legal.

Así como la reputación de una compañía se traduce automáticamente en una mala imagen institucional ante la sociedad, lo mismo vale para el Personal Branding de todos aquellos que asumen actitudes y comportamientos perjudiciales hacia los demás.

Las personas influyen e importan

También existe otro impulso que permitirá amortiguar, neutralizar o revertir las consecuencias negativas del “empleo” indebido de los robots. Esa fuerza anida y es parte de nosotros, es decir, que gracias al poder que hoy disponemos por el acceso a la información, estamos en condiciones de hacerla valer por distintos medios y plataformas.

En consecuencia, una doble fuerza permitirá bloquear las conductas desviadas de aquellos que pretenden tergiversar la razón de ser de la robótica: el estado a través de las normativas y los ciudadanos, mediante el ejercicio responsable del poder que nos asiste por estar informados.

En la medida que establezcamos una empatía personal hacia el robot, éste pasara a ser un verdadero aliado-amigo. Porque le permitirá al ser humano comenzar a “ocuparse” y a “trabajar” en otras actividades que requieran de su habilidad-talento para, en definitiva, sumar un nuevo valor hacia sus prójimos, al tiempo que dota de sentido a la vocación de vida que está llevando a cabo.

¡El portador de Tu Marca Personal va  metamorfoseando y enriqueciendo su vocación a partir del devenir tecnológico, sin que por ello signifique tener que claudicar en lo suyo ni mucho menos en los resultados que su obrar y desempeño tienen para sus prójimos y la sociedad!

José Podestá

Los Recursos Humanos en Su Recta Final

27 agosto 2017 ·

Parece ser que los directivos se están dando cuenta de su error conceptual. La palabra recursos humanos no expresa ni refiere en absoluto al trabajador, sino más bien a su estado de “cosificación”. Tampoco es una expresión relativamente nueva. Al contrario, el término recursos humanos fue acuñado en el año 1893 por el economista norteamericano John Commons. De esta forma, se impuso a principios del siglo XX de la mano del paradigma que establecieron Henry Ford y Frederick Taylor.

Lamentablemente hasta el presente, se ha venido considerando al empleado como un activo más, ya sea que se trate de un obrero, un administrativo o un ejecutivo. Por ser un “recurso”, vale asimilarlo a la categoría de capital, materias primas, objeto o cosa.

Paradójicamente, el ámbito universitario poco y nada hizo ni tampoco hace, desde lo académico, para sumar “conocimiento” que ayude a los directivos a darse cuenta del tremendo error conceptual. Más aún, no dudan un instante en “bautizar” a toda carrera afín con el área de personal con el título de “Licenciatura de Recursos Humanos”, Posgrado o Doctorado.

Cómic del relato

Si bien hoy en día algunos sucesos no dejan de ser inmediatamente ridiculizados en el formato de memes, resulta bien elocuente el siguiente relato sobre el tema en cuestión:

Un día Martha -directora de recursos humanos de una conocida empresa- muere y llega a las puertas del Paraíso. La recibe San Pedro, que, luego de darle la bienvenida, le explica: "Como no es habitual que alguien responsable de RR.HH. llegue hasta este punto, existe un proceso de ingreso especial que tendrás que cumplir. Es muy sencillo, sólo deberás pasar un día en el infierno y otro día en el cielo y luego elegir dónde vivirás durante la eternidad". Sin haber comprendido del todo por qué se le asignaba un procedimiento especial y a pesar de su preferencia inicial por el Edén, Martha aceptó las condiciones de ingreso. Sin más, el responsable de las llaves del cielo la guía hasta un ascensor directo al infierno.

Cuando desciende la sorpresa de la directora de RR.HH. es mayúscula. Al llegar al infierno un caddie la acompaña hasta el hoyo 1 de un campo de golf increíble. El pasto es de un verde pocas veces visto y el clima es perfecto para practicar el deporte que había servido de plataforma para su crecimiento profesional. En el hoyo 19 brinda con champán francés -de una cosecha agotada en la Tierra- y regresa al Paraíso para cumplir la segunda parte del proceso de admisión.

El día en el cielo también es maravilloso. Unos ángeles le enseñan a tocar el arpa mientras flota entre las nubes. A pesar de la altura, el aire es estimulante y puede disfrutar de una perspectiva de la Tierra como no había tenido jamás ni el más veterano de los astronautas. A pesar de todo, Martha extraña los cuidados greens y fairways del infierno. Al caer la noche San Pedro le pregunta cuál es su elección. Luego de titubear un instante contestó: "Aunque el cielo es divino, prefiero el infierno".

Cuando baja del ascensor por segunda vez se encuentra con un paisaje desolador: dónde estaba la cancha hay un baldío cubierto de basura, el calor es abrasador y el club house se había transformado en una horrible tapera. "No entiendo, ayer aquí había un campo de golf maravilloso y hoy me encuentro en este basurero...". "Ayer era el día de reclutamiento, hoy ya eres otro recurso humano de mi empresa", responde Lucifer.

Términos por venir

También resulta llamativo que a pesar de lo que se viene diciendo y escribiendo sobre el término recursos humanos, éste siga aún en vigencia a pesar del efecto negativo que produce a nivel de los empleados. Ello ha sido objeto de una reciente investigación a cargo de la encuestadora internacional Gallup, que permitió “descubrir” que sólo el trece por  ciento de los empleados a nivel mundial están comprometidos con las empresas para las que trabajan. ¿Será por ello que el responsable del área de recursos humanos no suele acceder, por lo general, al cargo de CEO?

Hasta tanto no se arribe a la expresión que mejor dignifique al trabajador, vamos a ir escuchando distintas expresiones, como ser:

- Director de personas, utilizado por la compañía Cisco.

- Operador de personas, en Google.

- División global de personas, en Walmart.

También se vienen empleando las de “gerencia de talento” y “gestión de personas”; quizás esta última llegue a ser la más adecuada y referencial para el sector.

Aquí lo importante es que no sólo los directivos tengan en claro que tanto recursos humanos como capital humano, son expresiones que en sí mismas descalifican, sino que también las personas que trabajan en la organización lo rechazan por sentirlo así. En la medida que esto no ocurra, seguirá ensanchándose la brecha o “grieta” que, lamentablemente, viene separando a los directivos y su gente.

Personal Branding exento

Debido a la miopía que ha caracterizado a los responsables del área de recursos humanos, durante décadas el empleado ha quedado “sometido” al arbitrio de un sinnúmero de disposiciones y normativas “castradoras”, de todo tipo, con las consecuencias negativas que luego ello produce en los resultados e imagen de la organización.

Dentro de este concepto no han tenido cabida aquellos empleados que aspiraban y desean llevar a cabo su plan de carrera laboral y profesional en la organización, ni mucho menos los que pretendían con su buen desempeño ir construyendo y desarrollando su Personal Branding.

El resultado de ello es bien conocido, porque se viene reflejando a diario en la migración de los “mejores” empleados que para nada están dispuestos a quedar encuadrados bajo el común denominador de “iguales y promedios”. Para que ello no ocurra, los directivos del área de recursos humanos han desarrollado un plan de incentivo “especial” para “retener talentos”. Pero ello, además de ser una respuesta reactiva, sigue desconocimiento los principios de dignidad y de libertad de las personas, máxime cuando éstas se las considera un objeto-cosa. Además, una vez que el empleado está dispuesto a irse, porque ya ha dicho “basta”, no hay “retención” que por lo general logre frenarlo en su decisión.

Decimos que el Personal Branding está exento de este tipo de castración y manipulación, porque tiene que ver con la actitud y el desempeño responsable que lleva a cabo el individuo, y que es parte de su misión y vocación en la vida. Entonces, en la medida que la organización no lo perciba ni respete, se verá limitada y cada vez más focalizada hacia el rebaño de los “mediocres promedios”, es decir, los “recursos humanos” que ha sabido retener y conservar.

 ¡El portador de Tu Marca Persona es consciente que su proyecto tiene un sentido de trascendencia profesional y social, que va mucho más allá del emprendimiento u organización en la que circunstancialmente se encuentra trabajando!

José Podestá

El Porvenir de la Vocación

20 agosto 2017 ·

Cuando nos detenemos a observar el curso de los acontecimientos locales o globales, más allá de su magnitud y de la aceleración de los mismos, por lo general nos invade una sensación de impotencia. ¿Por qué? Porque parecería ser que el presente histórico se nos estuviera escapando de las manos y poco y nada podemos hacer por ello.

Esta realidad nos lleva a “pensar” acerca del porvenir y el sentido de la vocación; y de paso, del Personal Branding. Por de pronto sabemos que el desarrollo de ambos, indefectiblemente, se consolida recién a partir del mediano plazo; no son de resolución “mágica”. Sin embargo no todos “creen” que necesariamente sea así, concentrándose entonces en dos de los condicionantes básicos del hoy:

- El sesgo material.

- La urgencia.

Cuando el tema de la vocación se lo limita a lo externo, ésta tiende a focalizarse en la categoría psico-sociológica de la profesión u oficio. ¿En qué sentido? En tratar de “decidirse” por aquella salida laboral que tenga futuro, además de permitir un ingreso económico “acorde” con el nivel de las expectativas personales y sociales.

Este “sesgo material”, más allá de ser funcional a las aspiraciones personales de trascendencia económica y social, tiene su razón de ser para la mayoría de las personas. Evidentemente hay señales muy claras del contexto que llevan a pensar y actuar, en consecuencia a dichos impulsos. Hasta aquí se llega a “hablar” de la vocación con salida de “empleabilidad”, sin ponernos a pensar si ello es lo más adecuado, ni “escuchar” la voz proveniente de nuestro impulso interior. Al poco tiempo o luego de algunos años, estas personas “descubren” que lo que vienen haciendo en lo laboral y profesional, para nada los hace felices ni plenos, a pesar del holgado nivel mensual de ingresos y de la “atractiva” exposición social en la que se encuentran.

Entonces, ¿en dónde estuvo el error? En haber partido al revés, es decir, en haberse concentrado o dejado seducir por las señales del mundo exterior, en lugar de partir desde lo ya “establecido” en su Yo –su espíritu– justamente porque es allí en donde anida el ADN de su venida a la Tierra, para llevar acabo “su” misión.

Quizás para algunos les llame la atención lo que acabo de expresar, pero ocurre que no todos tenemos bien en claro que, como seres humanos, estamos dotados de una constitución tripartita: cuerpo físico, alma y espíritu. Sin embargo, la ciencia en general y la psicología en particular, hacen abstracción del alma y del espíritu, porque es algo que no se puede “medir, cuantificar, ni pesar”, motivo por el cual lo más “sabio” es en tal sentido negarlos y reducirlos a la categoría de “psique”, diciendo que se alojan y operan desde el cerebro, que sí es un órgano físico; la neurociencia también hace hincapié de ello. Pero en lo concreto, se trata de otro “sesgo material”.

Entonces, en la medida que no se parta de la indagación personal e interior, no vamos a llegar a tener bien en claro el “quién soy” ni tampoco el “sentido” de la misión en la vida. Aquellos que lo hacen son los que luego llevan adelante su vocación con pasión y alegría, porque en definitiva es la consecuencia de ese impulso interior que los moviliza hacer lo que hacen, en beneficio de sus prójimos.

Es así como luego se lo plasma y proyecta en el Personal Branding, no gracias a la estrategia viral implementada en las plataformas digitales –otro ejemplo de “sesgo material”– sino porque en el mundo real son los seres humanos los que hablan del obrar de uno.

En cuanto al segundo de los condicionantes mencionado –la “urgencia”– ésta también proviene del mundo exterior. Existen suficientes razones de necesidad, conveniencia o competitividad que nos pueden arrastrar en hacer las cosas “ya”, sobre la marcha, con el riesgo que muchas veces implica tal proceder.

Por supuesto que en la vida estamos expuestos a tener que hacerlo en repetidas circunstancias; incluso hasta puede ser razonable. Pero cuando aludimos a la palabra “urgencia”, ésta tiene aquí otro significado; refiere y vincula a la “presión” a la que uno suele estar expuesto cuando hablamos de la vocación. Se da cuando no hemos arribado a ella a través del mencionado trabajo interior y por ello tenemos luego que decidirnos con rapidez. Por ejemplo, para no perder el año de ingreso en la universidad, por no llegar a ser parte de una oferta laboral imprevista o por la presión directa de terceros. También aquí estará presente el riesgo al error.

El término “empleabilidad”, por su parte, también tiene lo suyo por la promesa “vinculante” que las instituciones académicas suelen hacer. Al respecto, no necesariamente la carrera universitaria, el posgrado o el doctorado “abren puertas” hacia un mejor trabajo, sobre todo en los tiempos actuales en donde lo que predomina es justamente la escasez en materia de oferta laboral. Se trata, más bien, de una “oportunidad” para un acotado número de personas que sí poseen habilidades superlativas respecto de la mayoría restante.

¡El portador de Tu Marca Personal es un calificado hacedor en aquello que responde a su convicción y vocación, no sólo porque así lo demuestra, sino porque también está plenamente satisfecho por ello!

José Podestá   

Más Subjetivos Que Objetivos

13 agosto 2017 ·

Si bien el ser humano es esencialmente un misterio y una singularidad compleja por naturaleza, a la hora de evaluarlo tanto en una entrevista laboral como en su posterior desempeño, la persona pasa a ser considerada un “objeto de conversión”, es decir, asimilada a una serie de índices o ratios meramente cuantitativos. Esta forma de proceder es una derivación de la “creencia” aún generalizada, de que la persona es un “recurso humano”. Y como tal, deberá ser “cuantificable y medible” en función del “costo y resultado” esperado en el puesto o función asignada.

Sin embargo, a ninguno de nosotros –incluido el directivo de “recursos humanos”– se nos ocurre pensar ni aceptar que hemos venido al planeta Tierra para terminar siendo asimilables a una cosa u objeto, tal como lo son las materias primas y el resto de los “recursos” e insumos que intervienen en el proceso productivo de una organización.

Lamentable simplificación

Por suerte y como somos personas, un software o una planilla Excel “jamás” podrán abordar ni resumir la complejidad y las valores que nos caracteriza y distingue. ¿Por qué? Porque somos un crisol de sentimientos, emociones y personalidades puestos en acción en nuestros ámbitos de relación, incluido el laboral y profesional. Por tanto, intentar “acotarlas” dentro de un contexto singular o específico, no deja de ser una “simplificación irresponsable” por parte de todos aquellos que así pretenden “etiquetar” a una persona.

Tal como ocurre en un análisis químico, no se trata de aislar o ignorar determinados atributos cualitativos del ser humano, por considerarlos que carecen de “relevancia” para el cargo en cuestión; en el ayer, hasta la “inteligencia emocional” era ignorada. Esas cuestiones ya habían sido obviadas por el taylorismo, en las primeras décadas del siglo XX, con motivo del advenimiento de la producción continua o en cadena. Luego terminó siendo denunciada y parodiada, por el actor Charles Chaplin, en su película Tiempos Modernos del año 1936.

Así como el ser humano no puede ser “objeto” de reducción alguna –aunque la realidad nos muestre y pretenda hacernos creer lo contrario– nada impide que esta “creencia” sea perfectamente válida y aplicable en la automatización y la robótica. Justamente porque se trata de algo meramente tecno-material, que nuestra inteligencia pone al servicio del hombre y de nuestros prójimos: ¡Pero no para su reemplazo!

Por suerte existen organizaciones –especialmente directivos y ejecutivos– que valoran al ser humano “integralmente”, es decir, por lo que representa y es. Estas entidades saben que el rol y el desempeño de las personas son necesariamente un factor clave para el éxito y la sustentabilidad de la misma en el tiempo, motivo por el cual están en las antípodas de simplificarlas y reducirlas a un objeto-cosa. Por el contrario, se “ocupan” para que las personas hagan y brinden lo mejor de cada uno.

Positiva evolución

Esta apuesta y reconocimiento por todas las facetas del ser humano, parte de un enfoque principalmente “subjetivo”. Aquí poco y nada tiene que ver y hacer el área de “recursos humanos”, por las connotaciones negativas y nefastas que ya he resaltado precedentemente; incluso en más de una oportunidad. Pero en cambio sí entra en acción un “derecho” sobre el que se sustenta lo “subjetivo”: ¡Los grados de libertad!

Para pensar, proponer, realizar y hasta equivocarse, la persona necesita poder trabajar y transitar por la senda de la libertad, con todos los riesgos que ello implica tanto para el empleado o profesional, como para la organización a la que pertenece. Esta libertad, desde ya, nada tiene que ver con los aspectos que algunos directivos luego terminan minimizándola a un nivel que raya en lo elemental, lo cosmético y meramente aparente. Por ejemplo, el permitir “traer su mascota a la oficina”, es tan pueril como lo que se pretendía hacer “creer” de puertas-hacia-afuera, en los primeros tiempos del concepto de “organización socialmente responsable”, cuando de puertas-hacia-adentro mantenían un alto porcentaje de sus empleados sin los aportes previsionales ni sociales, o llevaban a cabo una doble contabilidad “paralela”, es decir la real y la tergiversada, para eludir el pago de impuestos; por supuesto que ambas prácticas siguen todavía vigentes para muchos, lamentablemente.

Por cierto que todo ello nos habla de las “miserias” que aún anidan en nosotros, pero que paulatinamente ha comenzado a revertirse a través de un nuevo impulso de mejora y superación. Estos nuevos “anticuerpos” que han comenzado a surgir en el mundo como respuesta a lo negativo existente, nos habla de la presencia de seres que no están dispuestos a mantener el “statu quo” en sus respectivos ambientes, por el mero hecho de habérselo considerado hasta ahora como lo “políticamente correcto”. Es, por cierto, una evolución positiva que incidirá hasta en una mejor calidad en la imagen y reputación del Personal Branding. Porque ya no dependerá de la impresión de “los otros”, sino de uno mismo.

¡El portador de Tu Marca Personal logrará su objetivo, independientemente de su misión y vocación en la vida, en la medida que no descuide ni se olvide del sentido y el respeto que sus prójimos también merecen!

José Podestá

 

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