La Empatía Multiplica

19 febrero 2017 ·

La mayoría de nosotros seguramente hemos escuchado, en más de una oportunidad, que el hombre es un ser social. También sabemos –o nos imaginamos– que aquél que desea vivir en soledad en una isla, termina autolimitándose como persona y por lo tanto se empobrece.

También es un dato de la realidad que la gran mayoría sueña, desea o aspira alcanzar en la vida un nivel social y económico superlativo. Por supuesto que en ello no hay nada de malo, salvo que por tal motivación la persona en cuestión termine centrando sus ingresos como “la” prioridad. ¿Qué nos dice la investigación al respecto? Que una vez superado el nivel básico de comodidad y seguridad, los aumentos posteriores de riqueza y de consumo impactan cada vez menos en la sensación de felicidad, hasta que llega un punto en donde ésta empieza a retroceder y la persona se siente cada vez menos feliz.

Como reflexión de lo mencionado vale entonces hacerse las siguientes preguntas:

- ¿Para eso vine al mundo?

- ¿Tiene sentido dejar como legado una imagen de Personal Branding centrada en lo material?

Otro dato de la realidad nos anticipa que los materialistas tienden más a la posesividad y menos a la generosidad y la confianza, no sólo por dinero. También les cuesta más refrenar sus impulsos y suelen ser más agresivos con sus prójimos.

A pesar de ello, la acumulación de riqueza se ha convertido en una ambición aspiracional que luego se torna en un lastre para esas personas “afortunadas”, y el consumo se ha transformado en una adicción. El resultado de ello es que las posesiones acaban poseyendo a quien las posee; algo parecido es la dependencia “exitosa” que ha conquistado el celular sobre el ser humano, “atrapándole” la mano y condicionando su vida en torno de él.

Lo tóxico en acción

Sin darnos cuenta el sistema económico vigente y el materialismo que lo sostiene ha venido despojando al individuo del principal impulso que motiva a la especie: nuestra naturaleza empática.

Los estudios actuales, con el aporte de biólogos y neurocientíficos, señalan que la naturaleza del ser humano –que desde los griegos nos recuerdan el imperativo social– no es como se nos ha dicho durante siglos. En los inicios de la Edad Moderna, los filósofos de la ilustración caracterizaron la naturaleza humana de racional, egoísta, materialista, utilitaria –hoy diríamos, “tóxica”– e impulsada por la necesidad de la autonomía, atributos que nos predisponen a acumular posesiones y aislarnos de los demás. Sin embargo, otros estudios recientes demuestran todo lo contrario: ¡El ser humano es la especie social que existe y anhela la compañía y la inclusión social! Lo que luego ocurre, lamentablemente, es que esta predisposición es anulada, en gran parte, por la cultura imperante.

En consecuencia, debemos saberlo y estar preparados para que dichos “impulsos” no nos aparten de nuestra misión y vocación en la vida. ¿En qué medida? Básicamente teniendo en cuenta que:

- La sociedad actual ya no se divide únicamente en función de “lo mío y lo tuyo”.

- El valor de las personas no está determinado por lo que poseen, sino por sus habilidades, talentos y empatía.

El otro valor

Sentir empatía es alentar al otro a florecer y a expresar todo su potencial durante su misión en la Tierra. ¿Esto qué significa? Es reconocer que la vida del otro –mi prójimo– es tan única e irrepetible como la mía y que la vida es imperfecta, frágil y difícil, tanto para nosotros como para el ciervo en el bosque.

En la medida que la practiquemos, la empatía se puede expandir horizontalmente con la misma rapidez de las redes globales. Si estamos atentos a las nuevas generaciones, vamos a comenzar a percibir que, de un modo intuitivo, los jóvenes “vienen” más predispuestos para hacer viable la expansión del impulso empático en una civilización que ya se está despegando de las “reglas de oro” que sustentó el capitalismo en los últimos siglos, como ser:

- Que la propiedad es la medida del ser humano y representa a los productos y servicios como si éstos fueran esenciales para la creación de la “identidad” de una persona en el mundo.

- Que la propiedad es una “extensión de la personalidad”, cuando en realidad lo que hizo fue orientar a cada generación hacia la posesión de más bienes.

Para aquellos que aplican o replican los principios del marketing en la gestación de un Personal Branding sólido y exitoso, se lo deberán replantear porque incluso hoy tampoco “funcionan” las reglas de oro que ayer garantizaban el lanzamiento y posicionamiento de los productos y servicios.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe que necesita cada vez más interactuar y “colaborar” con sus prójimos, haciendo de la empatía su mejor aliado!

José Podestá

Cambio de Reglas y Precariedad

12 febrero 2017 ·

Así como en el ayer era considerado “normal” el poder acceder a un empleo una vez finalizado los estudios secundarios, terciarios o universitarios, hoy ya no lo es. El mundo, la sociedad y las organizaciones han dejado de ser lo que fueron. No necesariamente por un impulso de evolución y mejora, sino por el resquebrajamiento estructural de sus principios en donde el cortoplacismo y las carencias éticas y morales vienen haciendo lo suyo.

Precarios somos casi todos

Cuando uno se informa de la existencia de una oferta laboral precaria, ésta se define e identifica con la carencia de las prestaciones y condiciones básicas formales de contratación, como ser:

- Salario inferior a la tarea asignada.

- Informalidad en materia de aportes previsionales y asignaciones familiares.

-  Horario mayor al establecido.

- Mayor carga laboral de la prevista; generalmente tiene que ver con el “hacer” o el “cubrir” las tareas de otros puestos vacantes, sin el correspondiente plus salarial.

Otro dato no menor del precariado actual es que incluye a personas de todas las clases sociales. Tal como lo manifestaba el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman, “todos nosotros o al menos el noventa y nueve por ciento, somos ahora precarios”.

Lo son también quienes están en situación de desempleo, los que temen que sus trabajos no sobrevivan a la segunda ronda de recortes o “reestructuraciones”, lo son los universitarios que buscan en vano un trabajo acorde con sus destrezas y ambiciones, los empleados que tiemblan ante la idea de perder sus hogares y los ahorros de toda la vida en el próximo colapso bursátil o de gestión corrupta de su gobierno, y los infinitos “otros” que tienen sobradas razones para no confiar en la seguridad del lugar que ocupan en la sociedad.

Cada vez más ciudadanos toman consciencia que en nuestra era de tecnología “disfrazada” de democracia, los liberales traicionan a un ser humano cada vez que lo tratan en términos de fuerza de trabajo, como unidad estadística o simplemente como parte de una mayoría del electorado. Las administraciones “populistas”, por su parte, dicen ocuparse de la clase media y fundamentalmente de los pobres y marginados, pero luego los datos que sobrevienen cuando llegan al final de su gobierno, muestran la profundización del precariado en contraposición a los delitos de corrupción incurridos por aquellos que decían “trabajar” para los más pobres.

No necesariamente todo esto significa un exacerbado aumento de la hipocresía y del individualismo en los funcionarios, políticos, empresarios, comerciantes y de la sociedad en su conjunto, porque ello existió siempre y acompañó al ser humano en su devenir. Hoy se evidencia así porque, además, existe un agotamiento del sistema económico que ha puesto todas sus fichas en “fogonear” el consumismo a raíz de la desmedida sobreoferta de productos y servicios existente.

Entonces, qué hacemos

No se trata simplemente de tomar las calles como una forma de protesta –en realidad de huida– a lo que no les gustaría seguir haciendo, sin tener en claro lo que “hay que hacer”, pero con la esperanza de encontrar una sociedad “alternativa”.

Así como el clásico modelo organizacional y empresario está agotado –de allí las permanentes reestructuraciones y “expulsiones” de trabajadores– existen un sin fin de nuevas oportunidades laborales y profesionales derivadas de la visión y creatividad que las nuevas generaciones están imprimiendo en sus propios emprendimientos, no sólo comerciales sino también sociales. Por supuesto que ello demanda un mayor esfuerzo y dedicación que el trabajo en la oficina, pero se trata de un nuevo impulso que sí está más en línea con los tiempos actuales.

Cada vez son más los que se animan al “hazlo tu mismo”, partiendo de un comportamiento en el cual no está ausente la nueva responsabilidad moral y social que incluye, además, a sus prójimos.  Estos nuevos emprendedores –futuros portadores del Personal Branding– son conscientes de encontrarse en un mundo equivocado, que ha perdido el norte. De allí que se “concentran” por hacer algo distinto y superlativo, que los aleje del modelo que cada vez más lo sienten como algo “tóxico”, que no les pertenece y ni tiene cabida en su nueva concepción del mundo.

Si bien algunas personas piensan o “sueñan” en la posibilidad de una “isla” para salirse del sistema, no es el caso del cambio de reglas que se viene perfilando, a partir de la solución que están llevando a cabo los nuevos “constructores” que aspiran a una sociedad más justa y equitativa para todos. De allí que tampoco están centrados en el cortoplacismo característico del presente modelo agotado. ¿Por qué? Porque no hace al sentido de sus convicciones ni del compromiso asumido.

¡El portador de Tu Marca Personal sabe que tiene una misión de vida que cumplir, que lo predispone e incentiva para que lo suyo tenga el valor y el sentido esperado por la sociedad!

José Podestá

El Sentido de Autoridad

05 febrero 2017 ·

Seguramente que no es del agrado de la mayoría el tener que ser dependiente de un supervisor, jefe, gerente o director, especialmente cuando éste no tiene el hnow-how esperado, carece de las condiciones naturales de liderazgo o lo que es peor, de ambas cosas en forma simultánea.

Pero también es cierto que no todos podemos llegar a ser jefes, por la sencilla razón que se necesita de las personas para que las cosas se hagan y sucedan. Esta relación asimétrica nos lleva, entonces, al concepto de autoridad.

La autoridad ha experimentado en el devenir de los tiempos de una cierta restricción. Desde el principio se la ha interpretado como coacción e imposición, así como sumisión a esa coacción e imposición. Pero cuando se refiere a las personas, remite a dos requisitos indispensables:

- Que una de ellas se encuentre en una posición más avanzada que la otra.

- Que esta última tenga el deseo, afán, impulso, disposición e intención de seguir al más avanzado para capitalizar los logros de aquél para su propia superación.

Dupla eficaz

Cuando en una organización el subordinado tiene la posibilidad de reportar a una persona que, más allá de su autoridad, es modelo-ejemplo de aprendizaje y emulación, no deja de ser un hecho muy auspicioso por todas las consecuencias que se derivan de ello: mejora en la productividad, en el clima laboral, en el disenso, en el aporte de ideas, etc.

En este caso no sólo se beneficia el subordinado, sino también el portador de la autoridad. ¿En qué sentido? Paulatinamente se va también “enriqueciendo” de los “otros” puntos de vista que emanan de sus subordinados, sobre todo en contextos como el actual en donde predominan las incertidumbres y el cambio de las reglas del juego que están más allá de la organización misma.

Por otra parte, no debemos de olvidar que en lo esencial todos los seres humanos son equivalentes, uno al lado del otro. La diferenciación que a diario vemos entre las personas, ya sea en el trabajo o en la sociedad, no necesariamente se debe al factor “inteligencia” o posición social, sino a nuestra “conciencia”. Felizmente, hay personas de conciencia más evolucionada; también se da para las restantes áreas anímicas. Pero, reitero, todos los individuos en cuanto poseedor de un “yo”, son totalmente equivalentes aunque el grado de evolución de su carácter, de ciertas cualidades y habilidades, los distinga.

Autoeducación y autocontrol

Nuestros padres han sido un factor clave para que en el día de mañana fuésemos capaces de llegar a ser portadores de autoridad. Al respecto, nuestra madre al nutrirnos con leche desde pequeños también nos fue brindando, día a día, las fuerzas vitales y su amor materno.

Toda esa “nutrición” pasó a tener más adelante un impacto muy positivo en nuestro ser, en lo concerniente a lo espiritual, psíquico y físico. Por tanto, cuando sabemos de una persona que no tuvo de niño “la” suerte de haber pasado por esta vivencia fundamental, no deberíamos “descartarlo” ni “marginarlo”. Al contrario, porque somos portadores de la “herencia materna” recibida, deberíamos ser lo más solidario posible con todos aquellos que por distintas causas del destino se vieron privados de ello.

Pero también nuestro padre biológico tuvo su rol clave, tanto en lo viril como portador de un “yo” que, desde pequeño, nos estimuló a que busquemos en él guía y dirección. Con ello y a través de los primeros años de nuestra niñez, comenzó a plasmarse nuestra consciencia. En nuestra niñez ambos ejercieron la autoridad como representantes del mundo, y nosotros lo hemos tomado como “ejemplo” e “imitación”.

Ahora como adultos y quizás centrados la mayoría de ustedes en su plan de carrera laboral y profesional, se les presenta el tema de la autoridad no necesariamente como algo que deberían esquivar o evitar –recuerden que en algún momento también la deberán ejercer– sino de tenerla muy en cuenta para asumirla con sabiduría y respeto hacia sus prójimos.

Un aspecto muy positivo que no siempre se lo recuerda en materia de autoridad, tiene que ver concretamente con lo que alude su significado: vincula con un acontecimiento “creador”, con una “propagación”. ¿Esto que nos dice? Cuando el individuo es portador de autoridad, “algo” se ha propagado, desarrollado o desplegado, motivo por el cual puede ejercer una influencia “creadora” sobre el prójimo, tratando que esa influencia lo estimule y entusiasme a seguirle y así a ampliarse y agrandarse a sí mismo en toda su existencia.

Como se podrán imaginar, la autoridad a la que estoy haciendo referencia no tiene absolutamente nada que ver con la “legión de seguidores” que un ídolo o celebridad circunstancial suele tener hoy en día. Tampoco con aquella desviación “tóxica” de autoridad que proviene del ámbito político, del fundamentalismo o de cualquier tipo de imposición ideológica; en la historia ustedes encontrarán ejemplos muy lamentables de desviaciones de autoridad que, por lo general, han terminado “usando” la buena fe de sus seguidores y de los ciudadanos.

El sentido de autoridad “en serio”, que aquí estoy haciendo referencia, alude a la emulación y superación personal. Por tanto, pasa a ser un factor clave en la misión y vocación respectiva.

En consecuencia, el ejercicio de autoridad responsable demanda a su portador de la autoeducación y del autocontrol. Tengamos siempre muy presente que entre ello y su desviación existe un margen muy acotado, que tiene que ver con la conciencia del individuo y la puesta en práctica de los valores morales que anidan en su interioridad.

¡El portador de Tu Marca Personal cuenta con autoridad técnica y funcional en virtud de la misión y vocación que caracteriza su trabajo y profesión, sabiendo de la responsabilidad que ello tiene en el vínculo y relación con sus prójimos y su futuro personal!

José Podestá

¿Importa la Identidad Personal?

29 enero 2017 ·

En el mundo en que nos ha tocado llevar adelante nuestra misión personal, caracterizado por la veloz fluidez y licuación de las cosas –hasta de los seres humanos– nos plantea la duda acerca del impulso que las personas sienten por llegar a ser reconocidas y valoradas.

Quizás seamos una escasa minoría los que, de vez en cuando, nos cuestionamos sobre nuestro accionar y el sentido que ello tiene frente a la inmediatez, la frivolidad y el interés utilitario –incluso sobre las personas– que caracteriza a la sociedad actual. Pero por suerte, también existen pensadores como el filósofo inglés Derek Parfit [1942-2017] quién llegó a cuestionarse y relativizar la importancia de la identidad personal.

¿Y el Personal Branding?

Como estamos frente a un tema profundo que nos toca muy de cerca a cada uno de nosotros, ello nos lleva necesariamente a plantearnos algunas preguntas recurrentes, como la que titula a la presente columna. Si bien la respuesta a preguntas importantes es el trabajo básico del filósofo, ello no garantiza que tanto éste como nosotros podamos siempre arribar a una conclusión esclarecedora.

Derek Parfit falleció recientemente y nos dejó pendiente su respuesta, aunque nunca cesó en la búsqueda y el fundamento de su mencionada proposición. Más aún, en su teoría que denominó “la conclusión repugnante”, se animó a alertarnos que en la diferenciación entre una persona y otra es fundamental la moral que los caracteriza.

 Es a partir de aquí y en la motivación que nos impulsa hacia el desarrollo y el posicionamiento del Personal Branding, en donde deseo centrar el tema. ¿Por qué? Porque la moral no es un atributo ni un “tip de consumo” que, “alegremente”, uno pueda replicar o especular como una variable “atractiva” para la trascendencia de la identidad personal, pero sí tiene que ver con un impulso interno de compromiso y convicción que siempre nos debiera acompañar, porque hace a la esencia y a la dignidad del ser humano.

Alguno de ustedes se podrá preguntar cómo es posible que entonces haya personas de comportamientos, actitudes y convicciones “no éticas”, que no sólo detentan una positiva imagen de identidad, sino también cuentan con una “legión” de seguidores. Por supuesto que ello carece de toda justificación. Si estas personas son “famosas” y hasta “admiradas”, ello corre por cuenta exclusiva del portador de la misma, de su conciencia y de la “complicidad” de todos aquellos que lo adulan y lo “ayudan” a posicionarse así.

Felizmente una de las fortalezas estructurales del Personal Branding tiene que ver con el comportamiento ético-moral y solidario de su portador –cualquiera sea la vocación ejercida por la persona– porque es la que le permitirá en el tiempo ir construyendo su reputación y capitalizar el posterior reconocimiento de los otros, es decir, de sus prójimos. Lo opuesto le sucederá al clásico “ídolo de barro” que se vale de todos los artificios disponibles –incluso los de la plataforma digital– para “aparentar” algo que en esencia carece de sustento y verosimilitud. Si bien podrá llegar a ser un estupendo simulador en todo lo que dice y hace, será la variable “tiempo” la que finalmente lo terminará desenmascarándolo.

Aquí se nos presenta una nueva pregunta: ¿Por qué estos simuladores de una identidad inconsistente tienen cabida en nuestra sociedad? Al respecto, se me ocurren dos razones:

- Porque suelen ser astutos “vendedores” y “seductores” en el estilo de vida que llevan a cabo, en donde la “viveza” y el oportunismo que caracterizan su accionar los mantiene posicionados en un aceptable nivel de “visibilidad”.

- Porque existe un sector mayoritario de individuos mediocres que prefieren mimetizarse con estos “productos sociales” del mercado, por considerarlos que son mucho más fáciles de “pintar y copiar”. Entonces, ¿para qué “perder” el tiempo en todo aquello que demanda esfuerzo, constancia y un sentido honesto de superación?

En consecuencia, para todos aquellos que están persuadidos que se deben a la misión que sienten que deben llevar a cabo en la vida, a través de la vocación que hace al trabajo o profesión asumidos, la identidad personal finalmente importa y mucho. Pero no para una trascendencia efectista, egoísta o interesada, sino como una derivada natural del compromiso y la entrega social que los caracteriza.

Así como suele decirse que la economía es una actividad muy importante para que esté exclusivamente en manos de los economistas, lo mismo le vale al “marketing” que muchos consideran se debe “replicar” para la construcción exitosa del Personal Branding. Basta simplemente recordar a los grandes de la historia –en cualquiera de las especialidades– que supieron hacer aquello que en su tiempo debían hacer; es así como al día de hoy se los valora y recuerda. Que yo sepa no necesitaron del marketing, no porque era inexistente, sino porque no estaban pendientes de “su marca personal”. En cambio sí estuvieron muy predispuestos, dedicados y concentrados en lo suyo, sin pensar ni estar pendientes en el legado “atemporal” que dejaron para beneficio de la humanidad.

¡El portador de Tu Marca Personal bien pudo no haber sido inicialmente muy consciente de su rol, pero a medida que fue descubriendo el sentido de su misión en la vida, comenzó a darse cuenta que lo suyo tiene más que ver con la calidad y la entrega que sus prójimos esperan, de su trabajo y profesión!

José Podestá

Procrastinación Eficaz

22 enero 2017 ·

Para entender fácilmente el significado de procrastinar, podemos asimilarlo a todas aquellas personas que, por diferentes motivos anímicos, se constituyen en postergadores seriales de todo tipo, incluso de los asuntos cotidianos más insignificantes. Por tanto, se encuentran prácticamente en un estadio inferior al de las personas “reactivas”, es decir, de aquellas que se van “adaptando” a las circunstancias o vicisitudes de la vida, pero sólo cuando se ven sorprendidas o frente al problema en cuestión.

Seguramente que todos nosotros solemos ser procrastinadores en “algo”, pero para nada significa que en determinadas circunstancias ello se torne necesariamente en algo malo o negativo. Por ejemplo, cuando en la organización nos comunican y de un modo imprevisto, que a mediados del año están interesados en transferirnos a la filial de India –como parte del plan de desarrollo personal–  es muy probable que no vayamos a responder o aceptarlo de manera inmediata. Al menos, hasta tanto tengamos bien en claro:

- Los motivos-razones de la promoción versus el riesgo de llegar a fracasar en un entorno cultural muy distante y ajeno.

- Cómo se “amalgama” la propuesta respecto del plan de carrera laboral-profesional sobre quien recayó el ofrecimiento.

Algunos de ustedes podrán pensar que tomarse los recaudos en este ejemplo es básico y elemental. Sin embargo, no siempre es así; hay personas que les parece tan estupendo y maravilloso ir a la India, que no se les cruza por la mente hacerse reparo alguno.

El “serial” es otra cosa

Tal como lo había mencionado, la procrastinación se la “practica” en todo tipo de sucesos, incluido los más cotidianos y frecuentes, que pueden ir desde trámites, finalización de los estudios, cambiar de empresa, hasta, por ejemplo, el de no llegar a asumir la formalización en la pareja o la ruptura eventual de una relación. ¿Qué se persigue con ello? De todo un poco, es decir: demorar, diferir o postergar las tareas o las decisiones.

Tampoco la procrastinación es algo nuevo, pero sí lo es la mayor cantidad de “practicantes” o de “seguidores”. Básicamente, se trata de uno de los males del presente, debido a los cambios frecuentes en el estilo de vida, en las exigencias externas o las autoimpuestas, como así también en la forma de relacionarnos o no con el otro, es decir, tu prójimo.

Como se podrá deducir, la falta de motivación es el principal impulso que estimula al procrastinador; también la indecisión hace lo suyo. Pero no siempre es fruto de una desidia personal, sino que se puede deber por los estímulos provenientes del mundo exterior. Al respecto, la realidad nos muestra que hoy todo es precario y provisorio, que poco y nada está diseñado para durar. Frente al estado de incertidumbre, el individuo puede darse al abandono de ideas o de algún proyecto, como así también el evitar asumir un compromiso responsable y social en lo cotidiano.

El riesgo de la “sociedad infantilizada”

Que el niño o el adolescente posterguen sus cosas –hacer las tareas, bañarse, ordenar, etc.– porque “creen” que están haciendo, por ejemplo, otras más “importantes” en la plataforma digital, van de esta forma incorporando paulatinamente el hábito de la procrastinación. Hasta se puede llegar a justificar, con razones, cuando en la práctica todo ello tiene que ver más con la presencia de una sociedad cada vez más “infantilizada”; aquí los adultos tampoco se están quedando al margen de ello.

También están los procrastinadores “selectivos”. Son aquellos que para nada descuidan su plan de carrera laboral-profesional o un nuevo emprendimiento, pero decaen en el intento cuando se trata de cuestiones personales. Incluso están los que se estimulan por las cuestiones sociales, ecológicas, pero luego no “pueden” o les cuesta llevarlo al propio ámbito familiar.

Tampoco es definitivo

Cuando una persona mayor trasciende en lo suyo o es noticia porque logró finalizar la carrera universitaria o el estudio que vino postergando por distintas razones, siente alivio y alegría por algo que durante años sufrió por no poder. Aquí deberíamos sentirnos más solidarios con estas personas, porque de un modo consciente han logrado superar a la “compañera de vida” de todo procrastinador crónico: la culpa.

¡El portador de Tu Marca Personal es un ser expuesto a tener que optar por alguna postergación, en más de una oportunidad, pero sabe que gracias a una procrastinación “productiva” puede seguir avanzando en su misión, a pesar de llegar a dejar pendiente algo que en su momento pudo ser importante!

José Podestá

Consciencia Moral

11 enero 2017 ·

De entrada aclaro que no voy a incursionar en un tema metafísico ni espiritual –porque ello corre por cuenta de cada persona– sino a partir del aporte y el rol muy valioso que la consciencia moral tiene en nuestra vida anímica. Además, porque pasa a ser un factor clave en los interrogantes básicos de partida que necesitan “responderse” todos aquellos que se interesan por el Personal Branding.

Por qué es importante

Es bueno recordar que somos seres humanos por el hecho de tener consciencia de nuestro yo. Y lo que en la consciencia moral nos acompaña, acompaña también a nuestro yo.

Cuando el niño pequeño no tiene aún internalizado su yo, nos damos cuenta rápidamente de ello por la forma en que se expresa. Como ya sabe cuál es su nombre, para referirse a cualquier situación personal se manifiesta diciendo, por ejemplo: Carlitos tiene frío; Carlitos tiene hambre; Carlitos tiene sueño;…

La consciencia moral es una fuerza o impulso interior –en tiempos antiguos sólo obraba desde afuera. Pero para poder percibir esta fuerza como algo interior, fue necesario recorrer la evolución humana. ¿Esto que nos dice? Que la consciencia moral fue evolucionando con el hombre y así éste logró “conquistarla”. Sin embargo, se establece en nuestro yo y vamos tomando conocimiento de ello a medida que también evoluciona nuestro yo.

Si bien filósofos y hombres de la ciencia han dado sus puntos de vista sobre la consciencia  moral –los más extremistas hasta han llegado a minimizarla, diciendo que es una mera  “ilusión”. Pero lo cierto es que de un modo primario y básico llegamos a “vivenciar”, nuestra consciencia moral, como la “voz” que en determinados momentos nos llega a palpitar en nuestro corazón, “diciéndonos” qué está bien o no, acerca de lo que hay que hacer para poder estar de acuerdo consigo mismo y sobre lo que hay que abstenerse de hacer.

Si queremos precisar aún más el ámbito de la consciencia moral, es en el alma humana en donde se manifiesta como una fuerza primaria, mucho antes de que nos hayamos formado ideas más elevadas acerca del bien y del mal; incluso antes que hayamos adoptado una “doctrina” moral vía la razón.

Quizás alguno de ustedes vivenció la consciencia moral cuando, desde su interioridad, percibió una cierta “tranquilidad”. Concretamente, cuando pudieron decirse que han hecho algo que estuvo bien y por ello están plenamente de acuerdo y satisfechos. Lo opuesto también se percibirá en la interioridad, con el grado de angustia o disconformidad, por no haber obrado bien.

En los tiempos de hoy muchas personas no se dan cuenta del atributo valioso que su consciencia moral les puede aportar como “consejera” de lo que más les conviene hacer. Por supuesto que en peor situación se encuentran todos aquellos que, en su mano, se les “enquistó” un objeto material que los “obliga” a estar pendientes de casi todos los sucesos exteriores, en una frecuencia 24/7, y con la mirada baja. ¿Esto que nos dice? Que también “existen” impulsos externos intangibles que tratan de evitar que las personas puedan desarrollarse, a partir de su interioridad. En algunos casos, sin que éstas se den cuenta de ello. En otros, porque los inquieta el tener que “dialogar” consigo mismo.

Las preguntas del Personal Branding

Cuando en un momento de la vida uno siente que ha llegado el momento de “poner en claro” para qué estoy en el planeta Tierra, se necesitará dar respuesta por lo menos a dos preguntas básicas:

- Cuál es mi misión en la vida.

Ello tiene que ver con la razón y el sentido básico de mi existencia. Además, cada uno de nosotros no está aquí por “casualidad” –sus padres sólo han sido los que biológicamente lo hicieron posible– porque en el trayecto de la fecundación el cromosoma portador de tu individualidad fue el único que lo logró; el resto se fue quedando en “el camino”. En consecuencia, has venido en la presente circunstancia histórica de la humanidad para hacer algo concreto, no para llegar a ser necesariamente un “número más”.

Por supuesto que saber cuál es mi misión no es para nada fácil, sobre todo en los tiempos que corren, tal como lo había manifestado anteriormente. Lo único que conocemos es que es un interrogante clave, vital y muy personal. Pero lo bueno es que ahora ya sabes que tienes “a mano” un recurso y un aliado “excepcional”: ¡La “voz” de tu consciencia moral!

- Cuál es mi vocación.

Teniendo en claro lo anterior, cada uno podrá darse cuenta –en función de sus habilidades o talentos– cuál es el trabajo, emprendimiento o profesión que no sólo te permitirá hacer realidad tu misión, sino que además es lo que terminará dando un sentido a tu vida.

En este punto y si lo consideras necesario, te podrá llegar a orientar un profesional siempre y cuando lo haga de un modo imparcial y sin omitir tu misión. Pero también podrás hallar “la respuesta” en la medida que escuches a tu “voz” interior, es decir, a tu consciencia moral.

¡El portador de Tu Marca Personal sólo transciende en lo suyo recién cuando tuvo en claro las respuestas a las dos preguntas básicas; caso contrario, al tiempo se dará cuenta que lo realizado fue más bien una “ilusión” –aunque se haya convertido en un millonario– porque se trató de algo que, en definitiva, no fue lo que en realidad debió ser!

 José Podestá

Privacidad Respetada

08 enero 2017 ·

Que el gobierno de Francia haya sancionado una ley prohibiendo que las organizaciones exijan a sus empleados la conectividad y respuestas de información, fuera del horario laboral, es un hecho tanto auspicioso como lamentable. ¿Por qué? Porque una vez más se demuestra que el ser humano –en este caso aquel que tiene empleados a su cargo– considere que le asiste el “derecho” de disponer del tiempo y la vida ajena, a cambio de un salario, ello no deja de ser una actitud que vincula con el “primitivismo”, a pesar que nos encontremos transitando el siglo XXI.

Autoritarismo alienante

La práctica de la dependencia laboral a toda hora es una típica desviación patológica y de falta de autocontrol, incrementada en los últimos años por el uso de los soportes multimedia. Al respecto, es muy frecuente ver personas que se han convertido en dependientes “compulsivos” de todo tipo de mensajes, a toda hora y en todo lugar.

Sin darnos cuenta, la tecnología se ha venido apropiando de nuestra libertad y privacidad. Más aún, opera en nosotros con un efecto “anestesiante”, a punto tal que puede llegar a anular, entre otras cosas, la comunicación y el diálogo familiar o cobrarse víctimas inocentes, como el caso lamentable de un niño de cuatro años que se ahogó en China mientras la madre estaba “distraída” con su celular. Al respecto, ¿existe un mensaje que demande mayor atención y dedicación que la vida de un hijo? Seguramente que ustedes saben de otros sucesos en línea con lo mencionado.

Volviendo a Francia y su nueva ley laboral que exige a las empresas “desactivar” la obligación de sus empleados a responder el teléfono, e-mails y mensajes electrónicos después del horario de trabajo. A la fecha, se trata de una disposición única en el mundo que posiblemente sea paulatinamente replicada en otros países. ¡Enhorabuena!

Permitir a los trabajadores desconectarse y vivir sus vidas no sólo es muy auspicioso. Nos muestra, además, que ante el exceso de cualquier tipo de “ismo” –en este caso el autoritarismo alienante proveniente de la organización– haya surgido por la implementación de una norma que ponga las cosas en su lugar, cuando el tema debería haberse resuelto por una toma de consciencia reflexiva de los seres humanos.

Las investigaciones en Europa señalan que el 71% de los ejecutivos mira sus e-mails y otros mensajes electrónicos por la noche y durante los feriados. Pero por otra parte, un 76% se “queja” porque los instrumentos digitales tienen un impacto negativo en sus vidas personales. Entonces, está claro que hay una carencia volitiva o de la voluntad para comenzar a vivir de una manera más sensata.

Entonces, en la medida que no hagamos uso del sentido común para evitar ser parte del “rebaño”, se tardará en llegar a “descubrir” que existen momentos en la vida que son mucho más gratificantes que la dependencia tóxica y alienante en la que hoy nos encontramos.   

Retorno a lo natural

Seguramente que a las organizaciones les costará mucho “digerir” la prohibición de la práctica y la presión abusiva que en materia de conectividad post oficina “creían” poder ejercer sobre sus empleados. Pero también es muy probable que gracias a ello “descubran” que el clima laboral y productivo comienza a mejorar sensiblemente, gracias a los espacios de diálogo y convivencia entre las personas.

Por supuesto que el retorno a un vínculo laboral más “humano” no se logrará por generación espontánea. Sabemos que bajo el amparo de sus directivos, existen “jefes hiperconectados” que someten a sus subalternos a su propio ritmo, enviando mensajes fuera del horario laboral –incluso durante los fines de semana y en tiempo de vacaciones– esperando una respuesta “inmediata” y sin tener consciencia ni interesarles el impacto que tal “intrusión” pueda tener, no sólo en el destinatario, sino también en su entorno.

A ello me refería al principio cuando aludí al hecho lamentable que ha llevado a la “necesidad” de tener que sancionarse una ley para evitar tales “disparates”, con la buena intención de producir un retorno al estadio natural de responsabilidad “social” del que no tendrían que haberse apartado.

¡El portador de Tu Marca Personal podría llegar a ser un “hiperconectado” en lo suyo, pero si no se da cuenta que a raíz de ello estaría eventualmente atentando contra su misión y el proyecto laboral-profesional que decidió llevar adelante, serán sus prójimos –clientes, empleados, pacientes o el entorno– los que terminarán finalmente neutralizando su accionar!

José Podestá

 

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